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[Octavilla] ByA y Barbaria – 11-N: contra la instrumentalización de nuestras necesidades y luchas

Huelga general 11N A4

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También en catalán y japonés

De nuevo nos quieren tomar el pelo. Creen que somos idiotas. Los sindicatos, invocados por sus primos sindicales de la vivienda, han convocado una huelga general de un día para el 11 de noviembre. ¿Qué puede aportarnos a las decenas de miles de personas en lucha, a las movilizaciones por la vivienda, a las de la enseñanza en Madrid, a las trabajadoras de preescolar en su huelga prolongada, a tantos otros miles de trabajadores en lucha que están defendiendo sus mermadas condiciones de vida en conflictos laborales por toda España? Nada.

La naturaleza de esta convocatoria no se le escapa a nadie: una maniobra más de los sindicatos y partidos de izquierda de cara a favorecer al gobierno en la próxima convocatoria electoral del 29 de noviembre. Así de descarado. Sin más. A toque de pito han salido a dar un capotazo al gobierno. Quien paga manda.

El objetivo es mantener la tensión de las movilizaciones contra las condiciones habitacionales para fagocitar la energía de las acampadas. Con la aparición de la primera tienda de campaña en la Plaza del Sol de Madrid, Sánchez y sus asesores saltaron como un resorte: «Esta es la nuestra. Elecciones ya. Es ahora o nunca». Y tienen razón, es la suya y es ahora o nunca.

Proclaman a los cuatro vientos el crecimiento y la bonanza económica, pero las desigualdades cada día se hacen más patentes y sangrantes. La mayoría de la clase obrera no llega a fin de mes. Los contratos basura, que diezman las condiciones de vida de los más jóvenes, se han multiplicado desde que el «gobierno más progresista de la historia» está en el poder, bajo el paraguas de la reforma laboral de Yolanda Díaz. En cambio, los beneficios empresariales van viento en popa.

Se han mostrado completamente incapaces e impotentes para aplicar medidas que resuelvan el drama habitacional, incluso allí donde tenían todas las palancas del Estado, el gobierno autonómico y los ayuntamientos, como en Cataluña. Después de ocho años en el gobierno vuelven con la misma cantinela. Pero no se acuerdan de cómo el presidente del gobierno invitaba a los grandes inversores internacionales a entrar en el negocio en España, por no hablar de las puertas giratorias en el sector inmobiliario.

Se nos repite machaconamente que se está en «el lado correcto de la Historia», pero difícilmente lo respaldan los hechos. Si comparamos la política migratoria de Sánchez con la de Meloni no hay diferencias, amén de escuchar recientemente en Ceuta a diversos ministros que todos los inmigrantes que han entrado volverán a salir de España. Si atendemos al aumento del militarismo, tampoco el gobierno español se distingue de sus homólogos europeos. La tan cacareada oposición al 5% de incremento del gasto militar que exigía Trump se ha saldado con unas inversiones en armamento que han batido récords.

CC.OO., UGT y los partidos parlamentarios de la izquierda del capital, han llamado a esta huelga del día 11 con el objetivo tácito de caldear los ánimos y generar la ilusión de que el 29 de noviembre la izquierda puede ganar las elecciones, algo en lo que ellos mismos no creen y que les trae sin cuidado. Cuando se disipó el sonido celestial de las trompetas de la Unidad… apareció el más prosaico «yo he venido a hablar de lo mío» y el «yo al Congreso y tú al Senado». Así son estos sinvergüenzas.

Por otro lado, las organizaciones de la “extrema izquierda” afirman que han obligado a aquellas a convocar la huelga general. Como de costumbre se autoengañan, lo que ante todo genera falsas expectativas. Son las necesidades electorales las que marcan el ritmo.

Pero sí que creemos que hay motivos para una huelga real, no una instrumentalizada por los aparatos sindicales y el gobierno para sus propios intereses. Tenemos sobrados motivos para ello por las miserias que padecemos hoy y por la ausencia de perspectivas para el futuro de nuestra clase, tengamos la edad, el género o la procedencia que tengamos.

Pero una huelga real solo se puede preparar desde un verdadero movimiento de clase que construya asambleas autónomas, un lugar de toma de decisiones, de autoorganización, sin ningún tipo de delegación, abierta al debate y participación de todos los trabajadores y trabajadoras, sin separaciones entre categorías ni funciones.

Porque de una cosa podemos estar seguros: en la lucha no estamos solos. Nuestros problemas son los problemas de toda nuestra clase, así que no pueden ser resueltos mediante ninguna lucha sectorial. Las separaciones que nos impone el capital solo nos debilitan. Frente a ellas, extender la lucha es una necesidad vital.

Autoorganizarnos. Extender la lucha. En la calle, los centros de trabajo o estudios, en los barrios; hacerla global: los problemas que nos acucian no se pueden separar unos de otros. La vivienda, las condiciones salariales, la precariedad, el malestar emocional, la crisis climática o el ascenso del militarismo son síntomas de una misma enfermedad que solo podemos abordar de forma global.

Es el capitalismo o nosotros y nosotras. No hay término medio. Y contra el capitalismo no podemos luchar con sus mismos instrumentos de dominación, sino afirmándonos con toda la fuerza de nuestra clase cuando se levanta, cuando combate unida y retoma las riendas de su lucha para liberarse del sistema que la mantiene en la miseria.

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