LOADING

Type to search

Nuestra actividad Octavillas

[Octavilla] ByA y Barbaria – A la mierda el parlamento y sus leyes. Por un verdadero movimiento autónomo del proletariado.

acampada sol vivienda

También en catalán, gallego, inglés y portugués

Descargar aquí

Estas últimas semanas, la brutalidad del capital se ha hecho notar en toda su crudeza con el suicidio de una mujer desahuciada y el terrible desalojo de otra. Ubicados en un mar de constantes agresiones y de familias que son privadas de sus precarios hogares, estos acontecimientos recalientan un clima social ya muy cargado por un continuo de miserias y represión por parte de los políticos-gestores de los intereses de los ricos.

Todo ello ha desencadenado movilizaciones donde se conjugan un hartazgo y preocupación general real de la gran mayoría trabajadora, con la dirección política y sindical que basa su actuación en cambios legislativos y esperanzas parlamentarias, con o sin «presión desde las calles».

Partimos de que dichos cambios son irreales. El propio sistema que genera la miseria no puede, ni aunque quisiera, frenar un mecanismo automático que responde a sus propias leyes de acumulación mercantil. Por mucho que lo nieguen los reivindicadores de derechos muertos, en este sistema regido por el dinero, la vivienda —y con ella todas las necesidades humanas— es una mercancía, y seguirá siendo así mientras sobrevivamos bajo las botas de este sistema.

Frente a las movilizaciones que se están dando, con Sol como el epicentro de las mismas, debemos plantear tres cuestiones básicas y necesarias para empezar a hablar de un movimiento real de clase:

1. El problema de la vivienda es uno más entre muchos, y tan sangrante como todos. La subida brutal e imparable de los precios, el trabajo precario y cambiante con salarios que no garantizan ni la subsistencia, la represión de los migrantes y la población en general, una derecha y una izquierda que se reparten el trabajo para gestionar y reproducir diariamente nuestra pobreza… todos ellos forman parte de un mismo problema: las relaciones sociales que se nos imponen, es decir, el capitalismo.

2. Las luchas separadas contra tal o cual fenómeno y que no se plantean su unidad están condenadas a la derrota. En estos momentos hay luchas y huelgas —como la del personal docente en la Comunidad de Madrid— cuya confluencia con las movilizaciones de la vivienda son necesarias para dar un sentido general a la lucha.

Se plantean a menudo las actuales movilizaciones como una superación del 15M. A diferencia de estas, el 15M partía de una visión general donde cabían todas las problemáticas en una misma, aunque esto no fuera algo consciente en todo momento. Esto caracteriza a todo movimiento de clase, incluso a los más débiles: la extensión y la generalización de sus fines. Para que estas movilizaciones se conviertan de verdad en un movimiento de clase, para que superen de verdad los límites ciudadanistas del 15M y demuestren que aprendemos de nuestras derrotas, es imprescindible que se extiendan y se generalicen, y que confluyan con las distintas luchas que surjan a nivel estatal e internacional. Esto no puede forzarse con consignas ni con fórmulas organizativas. Solo lo lograremos si superamos la lógica de las demandas parciales, que nos separan unos de otros, y vamos a la raíz común de nuestros problemas.

3. Pero esto no servirá de nada si no tenemos las riendas de nuestro propio movimiento. Es fundamental que la lucha se dirija y se oriente desde las asambleas, que las asambleas se conviertan en los órganos de la lucha autónoma del proletariado y que no permitan que nadie decida por ellas el curso a seguir. Porque son el espacio unitario desde donde se piensa, se organiza y se actúa, todo al mismo tiempo. Con ellas evitamos que nuestra actividad sea dirigida por organismos partidarios y sindicales que tienen sus propios intereses.

Debemos aprender de la capacidad que han tenido los sindicatos para detener la huelga de Airbus, pese a la oposición de muchos trabajadores y trabajadoras en las asambleas. Sin asambleas territoriales con capacidad decisoria, que organicen el movimiento y expresen la potencia unitaria de nuestra clase, cualquier convocatoria de huelga general no será sino la enésima repetición de las procesiones sindicales, hecha para convertir a los vendeobreros, los mismos que sancionan nuestra precariedad con la reforma laboral y nuestra miseria con la reforma de las pensiones, en los legítimos representantes de la «presión popular» al gobierno. No queremos la huelga general de CCOO y UGT, palmeada por la izquierda y extrema izquierda del capital. Queremos la huelga de masas dirigida por las asambleas territoriales, las únicas células que pueden componer un verdadero movimiento masivo que supere la violencia y las condiciones de miseria a las que nos somete este sistema.

Mientras no nos hagamos cargo de nuestras luchas, sin intermediarios, sin dejarla en manos de políticos y sindicalistas, sin confianza alguna en leyes y parlamentos, solo podemos ir de decepción en decepción, sin encontrar la conciencia de lo que somos y la potencia histórica de nuestra lucha como una única clase mundial.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *