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Balance y Avante – Respuestas a las preguntas del “Grupo de Trabajo” Estadounidense

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Original en la web, descargar PDF aquí

Introducción.

En los últimos meses hemos desarrollado con un grupo de comunistas estadounidense un proceso de discusión como parte de nuestras iniciativas hacia la formación de una comunidad de trabajo internacional. Estos compañeros han desarrollado reuniones de formación teórica en las que vemos bastante potencial de cara al futuro. En Julio, para avivar la discusión, los camaradas estadounidenses mandaron a su lista de contactos una serie de preguntas a responder para avivar el debate. Ésta es nuestra respuesta. Preguntas para el documento:

1) ¿Qué es la clase?

2) ¿Qué es el capitalismo?

3) ¿Qué es el comunismo y por qué podemos estar utilizando una definición contraria al uso común?

4) ¿Por qué seguimos utilizando la etiqueta comunista a pesar de lo que ha llegado a ser en el entendimiento común?

5) Qué es el partido de clase, por qué le damos centralidad, y cómo se conecta con la clase?

6) ¿Qué es la democracia, y cómo entendemos su relación con los comunistas?

7) ¿Qué son las naciones?

a) ¿Qué relevancia tiene la liberación nacional para los comunistas?

b) ¿Qué relevancia tiene el internacionalismo para los comunistas?

8) ¿Qué crisis actuales nos impulsan a actuar y qué relación tiene el comunismo con estas crisis?

1) Una clase es el resultado del trabajo enajenado y la propiedad privada, una escisión de la sociedad en intereses humanos separados. Sólo podemos identificar una clase cuando encontramos estos intereses separados lo suficientemente desarrollados como para convertirse en intereses históricos (en la noción de Bordiga, para constituirse en partido), es decir, cuando los intereses se vuelven opuestos al resto de la sociedad de tal manera que tienden a hacerse irreconciliables con ella, a polarizarse contra ella y a expresar la necesidad de transformarla. La clase aparecería, para resumir todo esto, como la relación de solidaridad que brota del conflicto generalizado, primero de la primitiva ley del valor, como lo señala Marx, bajo la forma de la relación entre deudor y acreedor, luego con la decadencia del deudor plebeyo, con las relaciones de dependencia directa, como en la esclavitud romana, luego la servidumbre, luego la esclavitud africana, y finalmente, de la ley superior del valor, como expresión de relaciones puramente impersonales bajo el capitalismo, en el que la clase es la personificación de una mercancía, ya sea capital o fuerza de trabajo.

2) El capitalismo es un sistema global, el primero en desarrollarse universalmente, colonizando todo el mundo humano con sus relaciones a través de su tendencia a la expansión y constitución de un mercado mundial, destruyendo los vínculos de dependencia personal y sustituyéndolos por relaciones impersonales. El capitalismo es la forma más madura que pueden adoptar las sociedades de clases, ya que su universalidad da curso a las contradicciones derivadas de las separaciones, de la escisión social que preserva. Es la única sociedad que puede crear las condiciones para una revolución social que elimine todas las clases sociales.

3) El comunismo no es un estado de cosas por establecer, sino una fuerza material contenida potencialmente dentro del capitalismo y personificada en la tendencia histórica de la acción política de la clase obrera, la expresión de la necesidad tanto de su madurez histórica como de su agotamiento como sistema social, de su necesidad de disolverse. Así, el comunismo es el movimiento de disolución activa de las sociedades de clases, pero también del capitalismo como su forma superior y como derivación, del Estado, de la democracia, de la producción mercantil, de la propiedad privada… es decir, de todas las expresiones específicas del capitalismo.

4) Los comunistas no parten de conceptos, llegan a ellos como producto de su método de investigación. El hecho de que existan dos nociones de comunismo (una utilizada por la contrarrevolución estalinista, otra utilizada por los comunistas proletarios) es irrelevante para nosotros, salvo como prueba histórica de la derrota de un movimiento histórico de nuestra clase.

5) El partido de clase es la forma concentrada de la subjetividad política de nuestra clase. Si como antes mencionábamos el conflicto de clase es el producto del conflicto generalizado bajo la ley del valor, bajo el capitalismo este conflicto generalizado se separa por un lado en su expresión inmediata en la lucha por las necesidades materiales, que es separada y limitada por la división social e internacional del trabajo que desarrolla formas diferentes de conciencia, y generalmente opuestas que en tiempos de paz social se desarrollan como intereses puramente económicos, fácilmente socializables por el estado capitalista a través de reformas, y por tanto, utilizados contra la clase para integrar su actividad con la defensa del estado capitalista en la lucha internacional de la burguesía mundial por los mercados, en la guerra imperialista, y por el otro, su expresión integral o histórica que toma conciencia de esos intereses inmediatos que contienen la necesidad de superar la sociedad que los produce, toma conciencia de la necesidad y condiciones de la revolución. Ambas formas de conciencia están determinadas a converger en una sola dirección en la revolución (que no fusionarse en una sola forma de conciencia), como desarrollamos más abajo, pero es la segunda la que produce propiamente el partido, órgano que rompe toda separación espacial(es decir, que es Internacional y Mundial) o temporal(es decir, que mantiene una doctrina continua y permanente, un Programa).

6) La democracia es la forma política que adopta la escisión de la sociedad en clases en su etapa más desarrollada, bajo el capitalismo. Ya sea bajo ropajes republicanos, monárquicos o abiertamente dictatoriales, la democracia separa tanto la subjetividad de los intereses contrapuestos en individuos como el proceso de toma de decisiones en decisión y acción, de modo que cualquier decisión real se vuelve impotente y los problemas sociales son reducidos a una consideración puramente administrativa. Los comunistas deben luchar permanentemente contra la democracia. Si los neokautskianos de hoy afirman que el comunismo es una batalla por la democracia, estamos con Marx en su carta a Engels del 13 de julio de 1851, cuando afirmamos como lo hizo él, que el programa comunista es un plan de guerra contra la democracia, y en términos de los camaradas del Grupo N+1, una lucha por una sociedad verdaderamente orgánica.

7) Las naciones son producto tanto de la centralización de los mercados locales en formas superiores de apropiación, ya que la burguesía disolvió las aduanas y convirtió la tierra en una mercancía, como de la división internacional del trabajo que limita el desarrollo de cada uno a las condiciones de competencia con los demás.

a) La liberación nacional era un límite natural dentro del contenido original del programa revolucionario de nuestra clase, ya que partía de una comprensión incorrecta del desarrollo de la evolución del capitalismo, que no se constituyó en sistema mundial a través de revoluciones políticas, sino que precisamente creó las condiciones para esas revoluciones después de haber arraigado en cada país. Como resultado, el proletariado consideraba que podía establecer una alianza con la clase capitalista para ayudarla a establecer la democracia burguesa. La liberación de las naciones respecto de las autocracias, a través de procesos de independencia o de procesos republicanos era parte de ésta perspectiva. Lo que no se ha producido es una alianza de hecho entre la burguesía y un proletariado que actúe como clase: Porque la burguesía teme precisamente a un proletariado que se manifieste como clase. Y basta leer los diarios de Tocqueville para ver este miedo. Y la burguesía no necesita pasar por esta alianza que la aterroriza. Puede hacerlo y lo hará desde arriba (y eso es algo que ya explica Marx en Revolución y contrarrevolución), pero no lo necesita, porque ya el Estado absolutista tendía a amoldarse para reconocer legalmente la dominación de la ley del valor, de la mercancía, del capital, que ya había constituido su dominación social (un buen ejemplo de ello fue Isabel II de España y la Regencia de María Cristina). A diferencia del proletariado, la burguesía entró en la batalla política con sus propias relaciones revolucionarias tomando forma o incluso ya asentadas, y ésta batalla política no era parte de la afirmación revolucionaria del capitalismo sino el comienzo de la expresión política de los intereses interburgueses. Marx se dio cuenta de esto en los años 50 del 1800 y por eso renunció a su puesto en la dirección del Partido Demócrata de Alemania cuando la ola revolucionaria tomó forma, porque reconoció que esta comunidad de intereses entre burguesía y proletariado no sólo no existía en la revolución sino que cuando empezara a afirmarse la rompería, la frenaría y paralizaría políticamente al proletariado durante un tiempo. La idea de doble revolución como programa para el desarrollo de la transformación burguesa necesaria para aplicar el programa comunista necesitaba un proletariado no sólo sociológicamente desarrollado sino también políticamente maduro para llevarlo hasta sus consecuencias, pero éste proletariado sólo podía tomar forma en una sociedad donde las transformaciones capitalistas ya se hubieran solidificado lo suficiente. El programa era ambiguo por sus propias condiciones y sólo podía conducir a la derrota allá donde los trabajadores lo siguieron.

Pero puesto que una clase no expresa su programa y su plan táctico sino como resultado de la madurez con que desarrolla su relación con la necesidad del derrocamiento revolucionario de esta sociedad, no podemos decir verdaderamente que cometa un error sino cometiendo un sofisma. Era completamente comprensible que, dado que los resultados inmediatos de la actividad política democrática (ya fuera por la independencia o contra los gobiernos monárquicos, o a veces ambas cosas) eran el desarrollo y crecimiento de sus organizaciones y la apropiación de una experiencia consciente en su lucha, la clase presionaría por ello, y por supuesto, sus minorías revolucionarias, los comunistas, podrían en ese momento apoyar esa revolución democrática(por muy equivocado que fuese) sin traicionar inmediatamente a la clase ya que el capitalismo, ya existente, aún no había creado su propia “gemeinwesen” con el proletariado, una comunidad de intereses de defensa de un campo burgués en la guerra generalizada. Era un límite, sí, uno que iba a crear los fundamentos materiales para la derrota de la II Internacional y su transformación en un aparato de la contrarrevolución. Después de eso, la revolución doble/democrática como consigna debe ser entendida como traición de clase en Europa, como justificación para la defensa del antifascismo, pero en África y Asia debe ser entendida todavía sólo como oportunismo y no como contrarrevolución directa, ya que expresando el mismo límite, de nuevo aquí no significará un apoyo de los estados burgueses en formación contra sus proletarios hasta las últimas etapas de la Guerra Fría. Por eso en los años 20 y en los 60 del siglo pasado, tenéis militantes como Lenin en la III Internacional, Trotsky en la Oposición de Izquierdas o Bordiga en Il Programma Comunista, que pudieron mantener la ambigüedad del programa en África, Asia e incluso al principio en algunas zonas localizadas muy concretas de Europa, en vez de prestar su apoyo a los gobiernos burgueses lo hicieron a las masas pequeñoburguesas o campesinas en su lucha contra el estado burgués. Pero incluso aquí, el oportunismo siempre tiende a la contrarrevolución, y en los tres casos que tenemos experiencias (En la III Internacional con el Kuomintang y la supresión de la Comuna de Shangai, en la Oposición de Izquierdas con el Ejército Republicano Español y la supresión de los obreros de Barcelona, en Programma Comunista con el Gobierno de Liberación Nacional Argelino y la tortura de Benkhallat y los compañeros de la sección de Blida), donde si bien el apoyo a estas consignas burguesas de transición no significó inmediatamente la caída de la organización en la contrarrevolución, sí la incapacitó e imposibilitó para expresar una tendencia autónoma, allanando el camino para la derrota del proletariado en esos momentos cruciales y su transformación en organizaciones de la contrarrevolución posteriormente (el bolchevismo a finales de los años 20, el trotskismo en la Segunda Guerra Mundial y el bordiguismo, aunque parcialmente, camina hoy hacia el mismo destino). Si ayer la liberación nacional y la revolución democrática eran un límite en la conciencia de aquellos que defendían nuestra doctrina revolucionaria, hoy son la justificación ideológica del proceso de formación de campos burgueses internacionales hacia una guerra mundial.

b) Para nosotros, los comunistas, el internacionalismo reviste una importancia primordial, hasta tal punto que cuando el oportunismo táctico conduce, aunque sea de forma superficial, al menoscabo o al compromiso de los principios internacionalistas de una organización, podemos afirmar que esta se encuentra en el camino hacia la contrarrevolución. Para nosotros, el internacionalismo lo es todo; es la expresión necesaria de nuestro carácter como clase para sí misma, como clase revolucionaria, que solo puede serlo como clase mundial en un sentido unitario, con la revolución mundial como su programa (para nosotros, y desde Marx, el proletariado solo es una clase revolucionaria contra las sociedades de clases porque es la primera clase universal en un sistema global). En ese sentido, somos internacionalistas porque éste modo de producción sólo puede ser derrocado por la organización de la fuerza de nuestra clase internacionalmente. La revolución, decía Marx, es nacional por forma (en el sentido de que su punto de partida es el derrocamiento del poder colectivo de la clase burguesa, el Estado, el cual está estructurado sobre bases nacionales) e internacional por contenido(en el sentido de que las relaciones sociales conforman un marco de acumulación mundial, que abarca todo lo existente, y por tanto sólo pueden ser superadas mundialmente, lo que hace imposible cualquier fórmula utópica del socialismo en su pasado primitivo, que planteaba el establecimiento de comunidades por fuera de ésta sociedad, y cualquier engaño de la contrarrevolución estalinista, que a partir del socialismo en un sólo país representa la idea de una construcción del mundo sin clases a partir de una serie de transformaciones nacionales, o incluso cualquier delirio de los movimientos identitarios, que a menudo sitúan la “verdadera revolución” en la deconstrucción de los comportamientos individuales de cada uno). Las revoluciones burguesas tenían por detrás de su historia un mundo atravesado por varios y distintos modos de producción, un mapa poblado por unidades políticas y estados que eran tan numerosos en cantidad como variados en formas, y por delante un mundo atravesado por un sólo modo de producción, con una forma fundamental de existencia que habitaría los 7 continentes: la nación, y todas las variaciones de existencia posibles dependientes de una sola relación social: El capital. De éste modo, conformó partidos organizados sobre bases nacionales, anticipación de la sociedad a cuyo curso y desarrollo le eliminarían todo obstáculo. La revolución proletaria tiene por detrás el modo de producción capitalista, con diferenciaciones a ser tomadas en cuenta como la división social del trabajo o la separación nacional de los proletarios, pero cuyas características y relaciones articulan una forma unitaria, y por delante la sociedad comunista, que supera toda escisión social de la humanidad. De éste modo, su acción política requiere un partido mundial, que le permita a ésta conocerse a sí misma a partir de un programa, la formulación de las condiciones de necesidad de la revolución que están presentes en todos los países, teniendo en cuenta que la forma específica de éste, la táctica, siempre tiende, según se desarrolla el mercado mundial, a eliminar todas las excepciones nacionales.

8) Nosotros hablaríamos mejor de crisis en general que de tal o cual crisis política. Si para nosotros la lucha de clases brota del conflicto generalizado (más recientemente y en su forma más avanzada a través de la ley del valor que asocia/conecta los conflictos individuales) que es lo que permite a los fragmentos humanos separados reconocerse como una unidad o totalidad de intereses, la revolución comunista (después de la revolución burguesa) es la primera lucha de clases revolucionaria que se generaliza a escala mundial, y cualquier reivindicación inmediata que no se generalice con la lucha es asimilada e integrada por el estado burgués a través de reformas o reprimida por sus organismos armados, entonces la revolución comunista debe ser la consecuencia de una dinámica del capitalismo que se produce a escala mundial y apaga la capacidad del estado para contener esas reivindicaciones. Tal es la crisis catastrófica del valor en el capitalismo, explicada por Marx en sus Grundrisse. Es esa crisis la que, inhabilitando al estado para socializar las demandas inmediatas del proletariado y desarrollando al máximo las condiciones económicas de pauperización de éste, fuerza al proletariado a luchar por la destrucción del estado y la revolución comunista a partir de sus propios intereses, a romper la separación entre economía y política en sus luchas, entre la lucha por sus necesidades generales y la lucha por la destrucción del estado, a converger con las minorías revolucionarias que la han defendido anteriormente, y finalmente constituirse a partir de ellas en partido político. Sin una teoría de la crisis, no tendremos una teoría de la revolución.

 

Balance y Avante

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