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Vercesi: La táctica de la Komintern de 1926 a 1940

Ottorino “Vercesi” Perrone, Prometeo, nº2-4, 6-7, 1946-47

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En marzo de 1926 tuvo lugar en Moscú la Sesión del VI Ejecutivo Ampliado, y Bordiga concluyó su discurso afirmando que había llegado el momento de que los demás partidos de la Internacional devolvieran al Partido Ruso lo que éste les había dado en el terreno ideológico y político, y exigió expresamente que la cuestión rusa se incluyera en el orden del día de los siguientes debates de la Internacional.

Si, desde el punto de vista formal, esta propuesta tuvo un resultado favorable ya que, en el VII Ejecutivo Ampliado, así como en la posterior sesión plenaria del Ejecutivo de la Internacional, se debatió ampliamente la cuestión rusa, desde el punto de vista del fondo, sin embargo, las cosas fueron muy diferentes, y todos los partidos de la Internacional bloquearon las soluciones teóricas, políticas y disciplinarias dadas anteriormente por el Partido Ruso. Estas soluciones golpearon los principios fundamentales sobre los que se había construido la Internacional Comunista y llevaban a las bases mismas de la revolución rusa esas transformaciones sustanciales, que iban a conducir a la represión despiadada contra los artífices de la revolución y al derrocamiento paralelo de la Rusia de los Soviets, destinada a convertirse finalmente en uno de los instrumentos esenciales de la contrarrevolución y de la preparación del segundo conflicto imperialista.

Lo cierto es que, en 1926, y gracias al éxito de la “bolchevización” que Zinóviev había llevado a cabo en el V Congreso Mundial de 1924, los cuadros dirigentes de todos los partidos habían cambiado radicalmente. Las corrientes que habían convergido orgánicamente en 1920, al surgir la Internacional, hacia la misma salida revolucionaria que se había afirmado decisivamente en el triunfo del Octubre ruso, fueron sustituidas por otras tendencias, y estas tendencias, verdaderas moscas cojoneras que habían seguido el carro victorioso de la revolución rusa sin hacer ninguna contribución a la formación de los partidos comunistas, y que dormitaban en ellos esperando su hora, no podían sino responder al llamamiento hecho por la naciente contrarrevolución en Rusia y echarle una mano en el trabajo, entonces apenas esbozado, de destrozar los cuadros de la Internacional.

Si hemos recordado las propuestas hechas por la izquierda italiana por boca de Bordiga al VI Ejecutivo Ampliado de la Internacional, lo hemos hecho para subrayar que esta corriente era ya consciente de todos los grandes acontecimientos que estaban madurando y del punto central de los mismos: el giro radical que se estaba preparando en la política de la Rusia soviética.

Fue la última vez que la izquierda italiana pudo hacerse oír en el seno de la Internacional y del Partido: un año más tarde, no sólo ella sino todas las demás corrientes de oposición fueron expulsadas definitivamente de la Internacional y la condición para ser miembro pasó a ser el reconocimiento de aquella teoría del “socialismo en un solo país” que representaba una ruptura flagrante con los programas sobre los que se había formado la propia Internacional.

El servilismo de la Comintern a los intereses del Estado ruso se había producido ahora y los partidos comunistas de las distintas naciones, en lugar de avanzar hacia el único objetivo real de la lucha revolucionaria contra su propio capitalismo, eran maniobrados como peones en el juego diplomático entablado por Rusia con las demás potencias y conducidos, cuando estas exigencias lo requerían, a los más infructuosos compromisos con las fuerzas del oportunismo centrista y la burguesía.

Este estudio, que sólo tiene carácter informativo sobre la táctica de la Comintern de 1926 a 1940, y que ni siquiera puede agotar un problema tan amplio, debe reducirse a ofrecer los elementos esenciales de esta táctica en sus etapas fundamentales, que enumeramos aquí:

  1. Comité Anglo-ruso (1926);
  2. Cuestión rusa (1927);
  3. Cuestión China (1927);
  4. Ofensiva y táctica socialfascista (1929-1933);
  5. Táctica del antifascismo y del Frente Popular (1934-1938);
  6. Táctica de los partidos comunistas durante el segundo conflicto imperialista mundial.

1.    Comité Anglo-ruso

En 1926, un acontecimiento de gran importancia trastornó tanto el análisis de la situación dado por el V Congreso de la Internacional (1924) como la política que había seguido en Rusia y otros países. La situación mundial se había caracterizado por la fórmula de la “estabilización” que, evidentemente, no excluía la posibilidad de una reanudación de la oleada revolucionaria, más, por el reflejo táctico que suponía, lejos de facilitar la orientación de la Internacional hacia la reanudación de la lucha proletaria, la hacía prisionera de formulaciones y organismos tácticos que no pueden cambiarse ni romperse de la noche a la mañana.

En efecto, el proceso político no es un conglomerado desigual de expedientes tácticos hasta el punto de que el partido puede aplicar a cada situación lo que le corresponde como haría un médico tras diagnosticar la enfermedad. El partido, que es un factor director de la evolución histórica, no puede sino moldearse según la táctica y la política que aplica, y sólo podrá intervenir en una situación revolucionaria en la medida en que haya podido prepararse para ella en las fases que la precedieron. En ausencia de esta preparación, es evidente que el partido, habiéndose encajado en un proceso político opuesto, no podrá evitar quedar encajado en él, impidiéndose así toda posibilidad de dirigir la lucha proletaria.

Ahora bien, cuando en 1924 se habla de “estabilización”, es evidente que no se limita a un examen puramente estadístico y técnico de la evolución económica, sino que, a partir de la observación incuestionable del descenso de la ola revolucionaria tras la derrota de la evolución alemana de 1923, se plantea una discusión política que, además, está en perfecta armonía con las decisiones tácticas de la Internacional.

Estas decisiones giraban en torno al objetivo fundamental de mantener la influencia comunista sobre las amplias masas. Y como, en dicha situación desfavorable, el contacto con las amplias masas sólo era posible mediante el desarrollo de relaciones políticas con las organizaciones socialdemócratas que se beneficiaban del reflujo revolucionario, la fórmula de “estabilización” implicaba la táctica del “noyautage” de las direcciones de los partidos socialdemócratas y de los sindicatos.

Cuando estalló la gigantesca huelga de los mineros británicos en 1926, la Internacional sólo pudo sacar las consecuencias de la táctica ya establecida. Los dirigentes sindicales se apresuraron a establecer acuerdos permanentes con los dirigentes sindicales soviéticos, y el Comité Anglo-ruso se vio obligado a ejercer la función que le dictaban los acontecimientos.

La huelga se convirtió en general y, si todo el análisis económico realizado por el V Congreso se vino abajo, no lo hizo la táctica que se había derivado de él. La Internacional no sólo se vio incapaz de revelar a las masas el papel contrarrevolucionario de los dirigentes sindicales, sino que tuvo que llegar hasta el final y mantener su solidaridad con ellos a lo largo de esta gran agitación proletaria en uno de los sectores fundamentales del capitalismo mundial.

Para comprender mejor la táctica de la Internacional en este asunto, hay que recordar que, al mismo tiempo, triunfó en Rusia la tendencia derechista de Bujarin-Rikov. Esta tendencia se había desarrollado en el marco general de una táctica que, habiendo asimilado el destino del Estado ruso al destino del proletariado mundial, había pasado en una segunda etapa a hacer depender la política de los partidos comunistas de las necesidades de ese Estado. Y Bujarin pudo justificar la táctica seguida en el Comité Anglo-ruso aludiendo a los «intereses diplomáticos de la URSS». (Ejecutivo de la Internacional de mayo de 1927).

En cuanto a esta táctica, basta recordar que, tras las Conferencias anglo-francesas de París de julio de 1926 y de Berlín de agosto de 1926, en la Conferencia de Berlín de abril de 1927 los delegados rusos, que habían reconocido en el Consejo General «al único representante y portavoz del movimiento sindical de Inglaterra», se comprometieron a “no disminuir la autoridad” de los dirigentes sindicales y a «no ocuparse de los asuntos internos de los sindicatos ingleses». Después de la traición abierta a la huelga general por parte de la dirección socialdemócrata. Y no es inútil recordar que el capitalismo británico, en cuanto pudiera liquidar la huelga general, pagaría con la gratitud habitual a los dirigentes rusos que habían sido tan generosos con sus servicios y que, directamente en Londres, indirectamente en Pekín, el gobierno de Baldwin pasaría a la ofensiva contra las representaciones diplomáticas soviéticas.

La revista “Lo Stato Operaio”, publicada por el Partido Comunista Italiano en París, en su número 5 de julio de 1927, en un artículo sobre “el Ejecutivo y la lucha contra la guerra” (se trata del Ejecutivo de la Internacional), polemizando contra la oposición rusa, escribe sobre el Comité Anglo-ruso:

«Esta tendencia (de la oposición) sale a la luz aún más en la crítica de la reunión del Comité Anglo-ruso. La reunión de Berlín del Comité Anglo-ruso debe ser considerada y juzgada cuidadosamente, sin prisas ni partidismos. El momento de la reunión del C.A.R. en Berlín fue internacionalmente muy grave. El gobierno conservador británico estaba preparando la ruptura con Rusia. La campaña para el aislamiento de Rusia de todo el mundo civilizado estaba en pleno apogeo. ¿Estuvo bien o mal aconsejada la delegación sindical rusa al hacer ciertas concesiones para no llegar a una ruptura con la delegación sindical británica en ese momento?»

Este documento plantea la cuestión de si la táctica seguida por la delegación sindical rusa en la reunión de Berlín fue correcta o incorrecta, pero, como hemos visto, Bujarin fue mucho más explícito al afirmar que para el interés diplomático del Estado ruso era necesario no romper con el Comité Anglo-ruso, Comité que había servido de cortina de humo a los dirigentes sindicales para sabotear la huelga general, al tiempo que reconocía oficialmente en él a los «únicos representantes del movimiento sindical británico».

Los propios documentos oficiales plantean el problema de forma inequívoca: un poderoso movimiento proletario será sacrificado porque las exigencias de la defensa del Estado ruso así lo quieren.

Por otra parte, se trata de una nueva confirmación del papel desempeñado por el C. A. R. en el seno del movimiento británico. La revista L’Internationale Communiste (número 17 del 15-8-28) recoge en un artículo de R. Palme Dutt sobre la reunión plenaria del Partido Comunista Chino de febrero de 1928 las siguientes afirmaciones: «Aquí se produce un giro decisivo en la actitud del Partido Comunista hacia las masas. Hasta ahora, el Partido había desempeñado el papel de crítico y agitador independiente (y, por tanto, de líder ideológico) en el movimiento dirigido por los reformistas. A partir de ahora, la tarea del Partido Comunista es luchar contra los dirigentes reformistas para ponerse a la cabeza de las masas».

Y en una nota del autor añade: «A veces se dice que hemos pasado de la consigna de moda “luchar por la dirección” a la de “cambiar de dirección”. Esto no es exacto. De hecho, la consigna del “cambio de dirección” ya se había aplicado antes de la nueva táctica, incluso cuando ésta se estaba combatiendo, y sólo significa una cosa: debe ser sustituida por la cabeza del movimiento la “derecha” del Partido Laborista por la “izquierda” del mismo partido. En la actualidad, el partido lucha por sus propios intereses, no por corregir los errores del partido laborista. Es necesario luchar para unir a las masas detrás del Partido Comunista y los elementos asociados a él (minoría, etc.). Es en este sentido que la consigna de “cambio de dirección” es válida para el período actual».

El papel del Partido era, pues, en 1926, actuar como «líder ideológico» del movimiento dirigido por los reformistas y «corregir los errores del Partido Laborista». En cuanto a la «nueva táctica», que será tan perjudicial para el movimiento proletario como la táctica opuesta del Comité Anglo-ruso lo discutiremos en el capítulo sobre la “ofensiva” y el “socialismo”.

2.    La cuestión rusa

En 1926-27 Rusia atravesó una grave crisis económica. Desde 1923-24, en el seno del Partido Ruso se defendían dos posiciones opuestas: la del derechista Bujarin-Rikov que, rompiendo con las condiciones perjudiciales establecidas por Lenin en NEP (ver “El impuesto en especie”), abogaba por el apoyo a la expansión de los estratos capitalistas especialmente en el campo; la otra, de la izquierda trotskista que, basándose en las formulaciones de Lenin, tendía al establecimiento de un plan económico centrado en el fortalecimiento del sector estatal y socialista en detrimento del sector privado y capitalista.

El partido ruso pasó a la lucha contra Trotsky; pero el bloque dirigente que iba de Bujarin-Rikov a Stalin-Zinóviev-Kamenev, si procedió unido en la lucha contra el supuesto “trotskismo”, no llegó sin embargo a una unidad de puntos de vista en el plano positivo de las soluciones que debían adoptarse frente a los graves problemas económicos a los que había dado lugar el establecimiento de la NEP. La derecha lanza la consigna «campesinos enriquecíos», que amenaza abiertamente el monopolio del comercio exterior, pero tampoco presenta un plan económico y político claramente orientado a la aniquilación de las condiciones previas establecidas por Lenin en NEP, si se diferencia claramente del centro entonces suplantado por Stalin-Zinoviev-Kamenev (por limitarse a los dirigentes rusos más importantes). Como siempre, la derecha no tiene necesidad de definir posiciones claras y confía, sobre todo, en el impulso directo de los acontecimientos que, en circunstancias desfavorables para el movimiento revolucionario, sólo pueden serle favorables. Lo esencial para ella es la lucha contra la tendencia proletaria y, para ello, se sirve del centro, que podrá realizar esta tarea contrarrevolucionaria mejor que ella.

En los años 1926 y 1927 se produjo una situación en la que las diferentes corrientes dentro del Partido Ruso no se enfrentaron con vistas a las soluciones particulares que debían adoptarse ante los graves problemas económicos en los que se debatía Rusia, sino que los debates se centraron principalmente en cuestiones generales y teóricas. Las soluciones prácticas llegarían más tarde, en la XVI Conferencia del Partido Ruso (1929), donde se decidió el primer plan quinquenal. En 1926-27 la lucha se limitó a la tarea esencial del momento: dispersar cualquier reacción proletaria dentro del Partido Ruso. Según el informe del pleno del Comité Central y de la Comisión Central de Control del Partido Ruso (ver Lo Stato Operaio de septiembre de 1927), «la oposición se divide en tres grupos: 1º un grupo de extrema izquierda encabezado por los camaradas Sapronov y Smirnov; 2º el grupo que acepta la hegemonía de Trotsky y que incluye, entre los más conocidos, a Zinoviev, Kamenev, etc. 3° un grupo que se esfuerza por adoptar una posición intermedia entre las corrientes de oposición y el Comité Central (Kasparova, Bielincaia, etc.)».

Con respecto al primer grupo, el documento oficial caracteriza su análisis de la situación en los siguientes puntos: a) la lucha dentro del partido tiene el carácter de una lucha de clases, entre la parte obrera del partido y el ejército de funcionarios; b) esta lucha no puede limitarse al interior del partido, sino que debe involucrar a las amplias masas fuera del partido cuyo apoyo debe ganar la oposición; c) es posible que la oposición sea derrotada; por lo tanto, debe constituir un marco activo, que también defenderá la causa de la revolución proletaria en el futuro; d) el bloque Trotsky-Zinoviev no comprende esta necesidad, tiende al compromiso con el grupo de Stalin, no tiene una línea táctica clara; habiendo errado al firmar la declaración del 16 de octubre de 1926 de obediencia al Partido debe pisotear sus compromisos; las vacilaciones de Trotsky y Zinoviev deben ser denunciadas y desenmascaradas como las del grupo de Stalin; e) en los últimos años los elementos capitalistas de la producción se han desarrollado más rápidamente que los elementos socialistas dado el atraso técnico del país y el bajo nivel de productividad del trabajo; no es posible avanzar hacia una verdadera organización socialista de la producción sin la ayuda de los países técnicamente avanzados o sin la intervención de la revolución mundial; f) El principal error de la política económica del partido consiste en la reducción de los precios, que no beneficia a la clase obrera sino a todos los consumidores y, por tanto, también a la burguesía y a la pequeña burguesía; g) la liquidación de la democracia de partido y de la democracia obrera en 1923 es el preludio de la instauración de una democracia de campesinos ricos; h) para cambiar este estado de cosas, es necesario pasar a la organización de grandes empresas estatales con una técnica de producción perfecta para la transformación de los productos agrícolas; i) la GPU, en lugar de luchar contra la contrarrevolución, lucha contra el descontento justificado de los trabajadores; el Ejército Rojo amenaza con convertirse en un instrumento de aventuras bonapartistas; el C. C. es una fracción “estalinista” que, al iniciar la liquidación del partido, conducirá al fin de la dictadura del proletariado; el sistema soviético debe ser “restaurado”.

Esta corriente es considerada por la C. C. como «un grupo de enemigos del partido y de la revolución proletaria».

El propio C.C. afirma que «está sólidamente constituida como una fracción ilegal no sólo en el sentido del Partido, sino en el sentido mismo de la fracción Trotsky-Zinoviev. Resulta que uno de los grupos de esta fracción, el de Omsk, se había fijado como programa la preparación de una huelga general en toda Siberia y la paralización de la actividad de las grandes compañías eléctricas de la región».

En cuanto al grupo Trotsky-Zinóviev, el mismo documento del C. C. del Partido Ruso escribe: «El grupo Trotsky-Zinóviev es responsable de los ataques más violentos contra el C. C. y su línea política, y de la actividad fraccionaria más descarada desarrollada durante 1927, rompiendo abiertamente los compromisos solemnes contraídos en la declaración del 16 de octubre de 1926. En los últimos tiempos este grupo ha concentrado sus ataques contra la línea del partido en la política internacional (China, Inglaterra) especulando sobre las dificultades que han surgido en este campo. Ha respondido a los preparativos de la guerra contra la URSS con declaraciones que representan un sabotaje de la acción del Partido para movilizar a las masas contra la guerra y para la resistencia. De este tipo son las afirmaciones de que el C.C. del Partido está en un plano de degeneración termidoriana, que el curso de la política del Partido es “nacional-conservador”, que la línea del Partido es de “viejos campesinos”, que el mayor peligro que amenaza a Rusia no es la guerra sino el régimen interno del Partido, etc. Estas declaraciones fueron acompañadas de actos de violación de la disciplina y de fraccionalismo abierto: la publicación de documentos de la fracción, la organización de círculos de la fracción, conferencias, etc., el discurso de Zinóviev contra el C.C. en una asamblea no partidista, la actitud de Trotsky en la reunión del Ejecutivo, la acusación de Trotsky de “termidorismo” contra el Partido en una reunión del C.C. de control, una manifestación pública contra el Partido a la salida de Smilga de una estación de Moscú. Por último, se organizó una campaña de peticiones contra el C.C. mediante la difusión de un documento firmado por los 83 principales miembros de la oposición. Además, el grupo Trotsky-Zinóviev mantuvo relaciones con el grupo de extrema izquierda excluido del Partido Alemán (Maslov-Fischer).

Todo esto demuestra que el grupo Trotsky-Zinóviev no sólo ha violado todos los compromisos que asumió en la declaración del 16 de octubre de 1926, sino que: 1) se ha puesto en un camino que lleva a estar en contra de la defensa incondicional de la URSS en la lucha contra el imperialismo; las acusaciones de termidorismo lanzadas contra el C.C. tiene la consecuencia lógica de proclamar la necesidad de la defensa de la URSS sólo después de que este C.C. haya sido derrocada; 2) se ha colocado en el camino que conduce a la escisión de la Comintern; 3) se ha colocado en el camino que conduce a la escisión del Partido Ruso y a la organización en Rusia de un nuevo partido».

En cuanto al grupo intermedio, el C.C. del Partido Ruso lo considera «un grupo de oposición larvado, probablemente indicativo de un cierto desconcierto que ha surgido en algunos elementos menos seguros de sí mismos ante las graves dificultades del momento».

Toda esta cita permite darse cuenta de la gravedad de la situación en Rusia en este periodo. Aunque hay exageraciones evidentes en la forma de presentar los puntos de vista de la extrema izquierda y de la fracción Trotsky-Zinóviev, está claro que incluso lo que escribe el C.C. acusador autoriza a concluir que los dos grupos opuestos puedan asimilarse a los mencheviques y a los contrarrevolucionarios.

En cuanto a las posiciones defendidas por la derecha, representaban sin duda el vehículo para una restauración de la clase burguesa en Rusia según el tipo clásico de la reconstitución de una economía basada en la iniciativa y la propiedad privada. Pero la historia iba a descartar esta eventualidad. En la fase del imperialismo monopolista y del totalitarismo de Estado, la inversión de la política rusa tendría lugar por otra vía, la de los planes quinquenales, de los que hablaremos más adelante, y del capitalismo de Estado.

Pero, como decíamos, antes de llegar a este paso decisivo, era necesario ganar definitivamente la batalla contra los distintos grupos de oposición, batalla que en realidad se dirigía contra el propio Partido y contra la Internacional, ya que afectaba al punto fundamental de la doctrina marxista: la noción internacional e internacionalista de comunismo.

La mencionada resolución del C.C. representó una “medida a medias” ya que los problemas no se resolvieron definitivamente. Fue en diciembre de 1927, en el XV Congreso del Partido Ruso, tras el fracaso de la prueba de fuerza intentada por la oposición con la manifestación de Leningrado, cuando se abordarían plenamente los problemas.

La gran batalla del XV Congreso giró en torno a la nueva teoría del “socialismo en un solo país” y la incompatibilidad entre la pertenencia al Partido y a la Internacional y la no aceptación de esta tesis.

Sobre este punto fundamental, el VII Ejecutivo Ampliado (noviembre-diciembre de 1926) se había expresado en estos términos: «El Partido parte del punto de vista de que nuestra revolución es una revolución socialista, de que la Revolución de Octubre no sólo es la señal de un salto adelante y el punto de partida de la revolución socialista en Occidente, sino: 1) representa una base para el desarrollo futuro de la revolución mundial; 2) abre el período de transición del capitalismo al socialismo en la Unión de Soviets (la dictadura del proletariado), en la que el proletariado tiene la oportunidad de edificar con éxito, mediante una política justa hacia la clase campesina, la sociedad socialista completa. Sin embargo, esta edificación sólo se realizará si la fuerza del movimiento obrero internacional, por un lado, y la fuerza del proletariado de la Unión Soviética por otro, son tan grandes como para proteger al Estado de los Soviets de la intervención militar».

Obsérvese cómo la realización de la «sociedad socialista completa» ya no depende, como en tiempos de Lenin, del triunfo de la revolución en otros países, sino de la capacidad del movimiento obrero internacional para «proteger el Estado de los Soviets de la intervención militar». Los acontecimientos han demostrado que, en cambio, son los dos Estados imperialistas más poderosos: Gran Bretaña y Estados Unidos, los que “protegerán” a la Rusia de los soviéticos.

Tanto en el VII Ejecutivo Ampliado como en las numerosas reuniones del Partido Ruso y del Ejecutivo de la Internacional, el proletariado ruso e internacional perdió su batalla. La consagración de esta derrota se produjo en el XV Congreso del Partido Ruso (diciembre de 1927), cuando se proclamó la incompatibilidad entre la pertenencia al Partido y la negación de la «posibilidad de la construcción del socialismo en un solo país».

Pero esta derrota iba a tener consecuencias decisivas tanto dentro de Rusia como en el movimiento comunista mundial. La lucha de clases no admite caminos intermedios, sobre todo en momentos álgidos como los de nuestra época. La proclamación de la teoría del socialismo en un solo país, al no poder resolverse prácticamente en la extracción de Rusia de un mundo en el que, después de la derrota de la revolución china, el capitalismo pasaba por todas partes al contraataque y, por el hecho mismo de romper el vínculo necesario entre la lucha de la clase obrera de cada país contra su capitalismo respectivo y la lucha por el socialismo dentro de Rusia, negaba el factor proletario de clase e tenía que admitir inevitablemente otro en el que Rusia se basaba cada vez más: el capitalismo mundial. Evidentemente, esta transición del Estado ruso sólo era posible con dos condiciones: 1) que los partidos comunistas dejaran de suponer una amenaza para el capitalismo; 2) que dentro de Rusia se reinstaurara el principio de la economía capitalista: la explotación de los trabajadores.

En este capítulo trataremos el segundo punto; en los siguientes, el primero.

***

Sobre la base de una lógica que quisiéramos llamar “cronológica”, se ha formado la opinión de que la línea de degeneración del Estado ruso comienza a partir de la adopción del NEP (en marzo de 1921 y llega inevitablemente al nuevo curso introducido después de 1927.

Esta opinión es superficial y no corresponde a un análisis de los acontecimientos realizado según los principios marxistas.

Hay que aclarar que la maniobra económica fue necesaria por los acontecimientos, por las dificultades insuperables en las que se encontraba la dictadura proletaria, y fue posible precisamente porque se llevó a cabo bajo una dictadura proletaria. Obviamente, esto no significa que las fuerzas económicas burguesas no estuvieran creciendo y que la relación de fuerzas políticas no tendiera a cambiar: sin embargo, este cambio en las relaciones a favor de las fuerzas burguesas, provocado por NEP, sólo podía ser peligroso y letal para la dictadura proletaria en Rusia si la relación de fuerzas internacional se desplazaba, como lo hizo, hacia el predominio de la reacción burguesa y el reflujo de la ola revolucionaria. De lo contrario, la recuperación momentánea de las fuerzas burguesas habría sido barrida por la dictadura proletaria que había mantenido sus posiciones políticas.

La posición de Lenin a partir de 1917 se basó en estas consideraciones principales: 1) una absoluta intransigencia política que llevaría al Partido Bolchevique a adoptar las posiciones de lucha más abierta contra todas las formaciones políticas burguesas, incluidas las de la extrema izquierda socialdemócrata. Es bien sabido que, en enero de 1918, Lenin, habiendo analizado los resultados de las elecciones a la Asamblea Constituyente no según los criterios banales de la democracia parlamentaria, sino según los criterios clasistas opuestos, y habiendo comprobado que los bolcheviques eran una minoría aritmética y global en el país, eran, sin embargo, mayoría en los centros industriales, pasó a dispersar violentamente esta Asamblea elegida sobre la base de los principios democráticos. 2) una astuta política económica que delimitó las posibilidades del proletariado y, en consecuencia, del Partido de clase, en relación con las posibilidades concretas que ofrecía el modesto grado de desarrollo de las fuerzas y la técnica de producción. El programa de Lenin implicaba el simple “control de la producción”, lo que significaba que los capitalistas seguían a la cabeza de la industria.

Esta aparente contradicción entre una política económica de concesiones y una política general extremadamente intransigente es inexplicable si uno no se sitúa, como hizo Lenin sistemáticamente, en el plano internacional y, por tanto, considera la revolución rusa en conexión con el desarrollo de la revolución mundial. Si, desde el punto de vista nacional ruso, las concesiones en la esfera económica son inevitables debido al atraso del desarrollo industrial del país, desde el punto de vista político, en cambio, ya que el experimento de la dictadura proletaria está en función de los acontecimientos internacionales, la política más intransigente se hace no sólo posible sino necesaria ya que, en definitiva, es un episodio de la lucha mundial del proletariado.

Lenin actuó de acuerdo con los principios marxistas tanto en 1917, cuando se limitó al “control de las industrias”, como durante el comunismo de guerra entre 1918 y 1920, y cuando prefiguró la política de NEP en marzo de 1921. Toda su política parte de un planteamiento internacional del problema ruso, y la propia NEP se considerará inevitable debido al retraso en el ascenso revolucionario del proletariado mundial, mientras que, por otro lado, especificará las condiciones básicas en las que deben cumplirse estrictamente las concesiones contenidas en la política de la NEP.

Es bien sabido que Lenin, al sustituir el sistema de requisas (que privaba al campesino de toda posibilidad de disponer de su producto) por el impuesto en especie (el campesino quedaba libre para disponer del producto restante después de la cuota que pasaba al Estado) y al autorizar el restablecimiento del mercado y de la pequeña industria, dividió la economía rusa en los dos sectores socialista y privado. El primer sector, el estatal, debía emprender una carrera de velocidad contra el segundo para derrotarlo en el terreno económico mediante la superioridad de la eficiencia laboral y el aumento de la producción.

Sin embargo, el estatus socialista otorgado al sector estatal no significa en absoluto que la forma estatal sea suficiente para determinar el carácter socialista de este sector. Lenin insistió mil veces en que las posibilidades de éxito del sector estatal no se debían en absoluto al hecho de que, en lugar del sector privado, fuera el Estado el que dirigiera la industria, sino al hecho de que éste fuera un Estado proletario estrechamente vinculado al curso de la revolución mundial.

Lenin creó la NEP en marzo de 1921. Fue en 1923-24 cuando se pusieron de manifiesto los primeros resultados y, al mismo tiempo, la lucha en el seno del Partido Ruso demostró que las predicciones de un desarrollo del sector socialista en detrimento del sector privado no fueron confirmadas por los acontecimientos. Mientras Trotsky preveía disposiciones para el desarrollo del sector socialista y la lucha contra la burguesía renaciente, especialmente en el campo, la derecha de Bujarin no veía otra solución a los problemas económicos que una mayor libertad a favor de los elementos capitalistas de la economía soviética.

En 1926-27 la batalla tomó, en el seno del Partido y de la Internacional, las proporciones que hemos recordado, y la derrota sería total para los elementos de izquierda que sólo podían permanecer en el partido a condición de abjurar del principio internacional e internacionalista de la lucha por el socialismo.

La evolución histórica no obedece a criterios formalistas hasta el punto de que una restauración de los principios económicos del capitalismo sólo podría considerarse posible en Rusia mediante el restablecimiento de la forma clásica de propiedad individual. Rusia se encontraría en 1927 y después cada vez más en una situación mundial caracterizada, como en el siglo pasado, no por el reflejo de los principios económicos liberalistas en la apropiación privada de los medios de producción y del plusvalor, sino en otra situación que conoció el totalitarismo de Estado y el sometimiento a él de toda forma de iniciativa privada.

Tras la derrota de la izquierda en el seno del Partido Ruso no asistimos, por las características indicadas de la evolución histórica general, a un triunfo de la derecha sino al hecho de que la solución de los problemas económicos sólo puede lograrse mediante una lucha contra las estratificaciones capitalistas surgidas durante la NEP.

Pero entre la política de la NEP y la que iba a triunfar después, la de los Planes Quinquenales, ¿hay o no hay solución de continuidad? Para responder a esta pregunta hay que tener en cuenta, en primer lugar, que, como muestra Charles Bettelheim en su libro Sovietist Planning, la NEP no había logrado sus objetivos ni en el ámbito político, ya que había conducido a una hipertrofia de la burocracia, ni en el económico, ya que en lugar de asegurar la victoria del sector socialista había conducido a un fortalecimiento del sector privado ni, por último, en el ámbito económico más general, ya que en 1926-27 se produjo una grave crisis económica en Rusia.

En presencia de lo que Bettelheim describiría como «el fracaso de NEP», se plantea la cuestión de si 1927 iba a marcar ineludiblemente la hora del juicio final y si, debido a las circunstancias internacionales desfavorables, ya no existía ninguna posibilidad de conservar el Estado ruso para el proletariado. Pero este no es el tema que nos ocupa, nuestra tarea es principalmente informativa sobre el curso de los acontecimientos.

El hecho indiscutible es que el restablecimiento del principio económico de la explotación capitalista está consagrado por los Planes Quinquenales, el primero de los cuales será decidido en la XVI Conferencia del Partido Ruso en abril de 1929 y aprobado por el V Congreso de los Soviets en mayo de 1929. El punto básico de estos Planes es, primero, alcanzar y luego superar continuamente los índices de producción tomando como puntos de referencia tanto el período anterior a 1914 como los resultados obtenidos en otros países. En una palabra, ¿cuál será la sustancia de la nueva reconstrucción soviética? Los documentos oficiales no lo ocultan: se trata de reconstruir una economía del mismo tipo que la capitalista y se calificará tanto más de “socialista” cuanto más altas sean las cotas alcanzadas por la producción.

El plan económico concebido por Lenin y aprobado en el IX Congreso del Partido Comunista Ruso en abril de 1920 situaba todo el problema en el aumento de la industria de consumo: esto significaba que el objetivo esencial de la economía soviética era mejorar las condiciones de vida de las masas trabajadoras. Por el contrario, la teoría de los Planes Quinquenales apuntaba al mayor desarrollo de la industria pesada en detrimento de la industria de consumo. La salida de los Planes Quinquenales hacia la economía de guerra y en la guerra, por tanto, tan inevitable como la correspondiente configuración de la economía en el resto del mundo capitalista.

En correspondencia con el cambio sustancial que se producirá en los objetivos de la producción, que será únicamente el de una acumulación constante de capital en la industria pesada, se producirá otro cambio en la concepción de la «industria socialista» cuyo criterio distintivo se establecerá en la forma no privada y estatal: el Estado-propietario se convertirá en el dios al que se inmolarán no sólo los sacrificios de los millones de trabajadores rusos que tendrán que revitalizar con celo la cantidad y la calidad de la producción para no incurrir en la acusación y la condena de “trotskistas”, sino también los cadáveres de los creadores de la revolución rusa.

El principio económico de explotación creciente de los trabajadores propio del capitalismo se reinstaurará en Rusia en paralelo a las leyes generales de la evolución histórica que conducen a una intervención estatal creciente y totalitaria. El derechista Bujarin y su camarada Rykov también serán ejecutados. Quien triunfa en Rusia es quien debe triunfar luego en todos los países: el totalitarismo de Estado; y la consecuencia sólo puede ser la misma también en Rusia: la preparación y la gigantesca participación en la Segunda Guerra Mundial.

La izquierda italiana, viendo la sustancia de la evolución política en Rusia desde el principio, no se dejó cautivar, como Trotsky, por la forma de propiedad estatal en Rusia y ya en 1933 planteó la necesidad de asimilar la Rusia soviética al mundo capitalista, preconizando la misma táctica en el curso del conflicto imperialista, donde inevitablemente sería dirigida por la teoría del “socialismo en un solo país” y la teoría de los planes quinquenales.

3.    La cuestión china (1926-27)

«Si los sindicatos reaccionarios británicos están dispuestos a formar con los sindicatos revolucionarios de nuestro país (Rusia) una coalición contra los imperialistas contrarrevolucionarios de su país, ¿por qué no se aprobaría este bloque?» (Stalin en la sesión conjunta del C.C. del Partido Ruso y la Comisión Central de Control, julio de 1926). Con toda razón, Trotsky replicó: «si los sindicatos reaccionarios fueran capaces de luchar contra sus imperialistas, no serían reaccionarios».

Si Chiang Kai-Shek y el Kuomintang estuvieran dispuestos a luchar por la revolución… Pero los montones de asesinados con los que concluyó la épica lucha de los trabajadores chinos iban a demostrar, de modo lúgubre, que Chiang Kai-Shek y el Kuomintang no podían ser más que los verdugos del proletariado y los campesinos de ese país.

En su libro La Internacional Comunista después de Lenin, Trotsky caracteriza acertadamente la situación general de China en los siguientes términos: «La propiedad terrateniente (grande y mediana, tal como se encuentra en China) se mezcla de la manera más íntima con el capitalismo de las ciudades, e incluso con el capitalismo extranjero.»[1], […] «Un crecimiento interno extremadamente rápido de la industria, basado en la importancia del capital comercial y bancario y en la conquista del país por su parte, la dependencia completa en la que se encuentran las regiones campesinas más importantes con relación al mercado, el papel enorme y en constante crecimiento del comercio exterior, la subordinación total del campo chino a las ciudades, todos estos hechos afirman el predominio total, la dominación directa de las relaciones capitalistas en China»[2]

En el estudio que dedicará al trotskismo, nuestra revista[3] explicará las razones que iban a llevar a Trotsky, a pesar de un análisis que destacaba las relaciones determinantes de todo el orden económico chino (incluidas las relaciones feudales y prefeudales numéricamente muy superiores a las capitalistas) a conclusiones tácticas absolutamente inadecuadas como las de la participación en el Kuomintang y el levantamiento de ese conjunto de consignas democráticas que Trotsky defendió frente a Stalin tras la derrota final de la revolución china, es decir, tras el fracaso de lo que la Comintern calificó de «El levantamiento de Cantón» (diciembre de 1927).

Nuestra corriente, en cambio, partiendo de un análisis en línea con el de Trotsky, defendió la tesis principal de la no adhesión al Kuomintang y, si bien combatió la táctica de la “ofensiva revolucionaria” de la Comintern, mantuvo intactas sus posiciones anteriores contra las “consignas democráticas”, manteniéndose firme en la tesis de que la única consigna que debía levantarse en la cuestión del poder era la de la dictadura proletaria.

De hecho, los acontecimientos iban a confirmar que ni se presentaba una situación revolucionaria en China después de 1927, ni podía abrirse una era democrática de independencia burguesa y antiimperialista en China tras y a pesar de la derrota revolucionaria de 1926-27.

Fue en 1911 cuando la dinastía de Manchuria abdicó en favor de la República. Y es de esta época la fundación del “Partido del Pueblo”, el Kuomintang. La política de Sun-Yat-sen, el fundador del Partido, aunque proclama reivindicaciones antiimperialistas, por la «independencia de China», se ve sin embargo obligada a limitarse a afirmaciones verbales que no preocupan en absoluto a los imperialismos extranjeros. La historia condenará a China a no poder estar a la altura de un gran Estado-nación y Sun-Yat-Sen está tan convencido de ello que, después de que China se posicionara a favor de la Entente en el período previo a la guerra de 1914-18, en 1918 se dirigió a los vencedores en busca de ayuda para el desarrollo económico de China y trató de apoyarse en el imperialismo más cercano y entonces menos intrusivo, Japón, para aflojar el control del imperialismo británico que ocupaba las posiciones más importantes.

En el dominio de las relaciones capitalistas dentro del país y en el marco histórico del imperialismo financiero del capitalismo, que no abre ninguna perspectiva para la elevación de los países coloniales y semicoloniales a Estados-nación independientes, los acontecimientos chinos comenzaron en 1925, se desarrollaron en 1926 y terminaron en la violenta supresión del llamado «Levantamiento de Cantón».

¿Pueden caracterizarse estos acontecimientos, que adoptan principalmente el aspecto militar de una marcha del sur al norte, de victoria en victoria, hasta conquistar todo el país, como una «guerra democrático-revolucionaria y antiimperialista de la burguesía china»? Evidentemente, durante estos tumultuosos acontecimientos se produjeron ataques contra las concesiones extranjeras, pero aparte de que estos ataques nunca respondieron a decisiones del centro del Kuomintang, sino que fueron el resultado de iniciativas locales que, además, a medida que se agravaban los acontecimientos, fueron incluso desautorizadas por la dirección central del Kuomintang, el problema es otro y se trata de caracterizar el conjunto por lo que realmente resultó ser y no de sumar episodios que no tuvieron ninguna influencia decisiva en el curso general de los acontecimientos.

A finales de 1927 la victoria de la contrarrevolución es decisiva, y esta victoria no es desgraciadamente efímera ya que veinte años después nos encontramos en la misma situación y, a pesar de la derrota japonesa, no vemos en absoluto una afirmación en un estado autónomo de la burguesía china, que, si puede disputar a Francia el rango de cuarta o quinta potencia entre los Cinco Grandes, no puede sin embargo impedir que China, tras la derrota del movimiento revolucionario de 1926-27, se vea reducida a convertirse en un inmenso territorio donde el choque es entre los grandes capitalismos extranjeros, pero no en un frente donde la burguesía china se enfrenta a todos estos capitalismos. Contra Stalin y también contra Trotsky, la respuesta de la historia es absolutamente inequívoca; no era una guerra revolucionaria antiimperialista en 1926-27 la que podía evolucionar hacia un movimiento puramente proletario y comunista, sino un gigantesco levantamiento de cientos de millones de explotados que sólo podían encontrar en la vanguardia proletaria la guía que, estableciendo la dictadura proletaria en China, se entrelazara con el desarrollo de la revolución mundial.

El papel de Chiang Kai-Shek y del Kuomintang no podía ser el mismo que el desempeñado por la burguesía francesa en 1793, sino el de los Noske y compañía en los países más avanzados. Desde el principio representaron el terraplén defensivo contra la gigantesca revuelta de los explotados chinos y el Kuomintang fue el instrumento eficaz de esta cruel y victoriosa resistencia de la contrarrevolución china y mundial.

En cuanto a la burguesía china, al igual que las burguesías de la India y de otros países coloniales y semicoloniales, su función no era luchar por la autonomía nacional, sino encajar en la organización de las burguesías imperialistas y extranjeras dominantes. Chiang Kai-Shek iba a desplegar una terrible brutalidad contra los proletarios chinos en cuanto las circunstancias (el descenso del flujo revolucionario) se lo permitieran, al mismo tiempo que una angelical genuflexión a los imperialismos extranjeros más poderosos.

Además, en el VII Ejecutivo ampliado[4], a finales de 1926, el delegado chino Tang-Ping-Sian declaró en su informe sobre Chiang Kai-Shek: «Tiene en el campo de la política internacional un comportamiento pasivo, en el pleno sentido de la palabra. No está dispuesto a luchar contra el imperialismo británico; en cuanto a los imperialistas japoneses, bajo ciertas condiciones, está dispuesto a comprometerse con ellos».

Y Trotsky señala sugestivamente: «Chiang Kai-shek ha hecho la guerra a los militaristas chinos, agentes de uno de los estados imperialistas. Esto no es, en absoluto, lo mismo que hacer la guerra al imperialismo»[5].

En el fondo de la lucha entre las masas revolucionarias y la contrarrevolución, la guerra que librarán los generales del Sur y del Norte no encontrará, fundamentalmente, otra explicación que la de agarrar al proletariado insurgente y, en segundo lugar, la de luchar por la unificación de la China dispersa en mil provincias bajo una autoridad central. Una autoridad central, repetimos, sin perspectivas de elevar a China al nivel de un gran estado nacional e independiente.

Los imperialismos, por el contrario, no fijarán sus preferencias de forma decisiva en uno u otro, sino que, conscientes de la realidad revolucionaria en China y del peligro que supone para su dominación de clase en el mundo, dejarán que se desarrolle plenamente la intervención contrarrevolucionaria de la Internacional. Tras la interrupción provocada por los acontecimientos bélicos, se restablecerá el entretejido de relaciones capitalistas que parte de la metrópoli, se anexionará a la burguesía china y extenderá su dominio sobre la inmensidad de las tierras chinas.

***

Desde el punto de vista programático, la Internacional tenía como documento fundamental las Tesis del Segundo Congreso (septiembre de 1920). El último párrafo de la 6ª Tesis “complementaria” dice: «La dominación extranjera obstaculiza el libre desarrollo de las fuerzas económicas. Por eso su destrucción es el primer paso de la revolución en las colonias y por eso la ayuda aportada a la destrucción del poder extranjero en las colonias no es, en realidad, una ayuda al movimiento nacionalista de la burguesía indígena sino la apertura del camino para el propio proletariado oprimido».

Como vemos, la perspectiva que impregna muchos documentos de la fundación de la Internacional, que además está contenida en el propio Manifiesto (cuando Marx habla de que la burguesía abre su propia trinchera extendiendo su dominación a todos los países) no ha sido confirmada por los acontecimientos. En efecto, ante un movimiento de la magnitud del de China en 1926-27, que verá armados a cientos de miles de obreros y campesinos, un movimiento que tiene las indudables connotaciones de fuerzas históricas indomables. Si el supuesto objetivo de la liberación de la dominación extranjera hubiera podido determinar los acontecimientos habríamos asistido a una lucha de esas masas que, bajo la dirección de la burguesía autóctona, habría llegado a un choque decisivo contra el imperialismo extranjero, o este mismo movimiento que, pasando por encima de la dirección burguesa primitiva, habría tomado la fuerza de una revolución proletaria intercalada con la revolución mundial.

Ahora, no sólo no se produjo el choque contra los imperialismos, sino que la función histórica de la burguesía china resultó ser únicamente la de un poderoso bastión contrarrevolucionario para domar a las masas insurgentes con terrible violencia, y esto mientras los imperialismos extranjeros sólo podían alegrarse del excelente trabajo realizado por sus comisarios: el Kuomintang y todas sus tendencias, el ala derecha de Chiang Kai-Shek, el centro de Dai-Thi-Tao, así como la izquierda autodenominada comunista dirigida por los delegados de la Internacional Comunista en China.

Las propias Tesis no se limitan a formular una perspectiva, sino que, tras formular el criterio orientador para analizar las situaciones históricas, determinan unas garantías que, huelga decirlo, han sido vergonzosamente traicionadas por la Internacional.

Como criterio orientador, el punto 2 de las “Tesis” citadas dice: «[…] los partidos comunistas, intérpretes conscientes de la lucha del proletariado por el derrocamiento del yugo de la burguesía, deben, en lo referente al problema nacional, centrar también su atención, no en los principios abstractos o formales, sino: 1º en apreciar con toda exactitud la situación histórica concreta y, ante todo, la situación económica; 2º diferenciar con toda nitidez los intereses de las clases oprimidas, de los trabajadores, de los explotados y el concepto general de los intereses de toda la nación en su conjunto, que no es más que la expresión de los intereses de la clase dominante; 3º asimismo deben dividir netamente las naciones en naciones dependientes, sin igualdad de derechos, y naciones opresoras, explotadoras, soberanas, por oposición a la mentira democrático-burguesa, mentira que encubre la esclavización colonial y financiera (cosa inherente a la época del capital financiero y el imperialismo) de la enorme mayoría de la población de la tierra por una insignificante minoría de países capitalistas riquísimos y avanzados».

En cuanto a las garantías, la Tesis 5 dirá: «La necesidad de luchar resueltamente contra los intentos hechos por los movimientos de liberación, que no son en realidad ni comunistas ni revolucionarios, de adoptar el color del comunismo; la Internacional Comunista debe apoyar los movimientos revolucionarios en los países coloniales y atrasados, sólo a condición que los elementos de los futuros partidos proletarios, comunistas no sólo por su nombre, se agrupen y se eduquen en todos los países atrasados en la conciencia de la misión especial que les incumbe: luchar contra los movimientos democrático-burgueses dentro de sus naciones; la Internacional Comunista debe sellar una alianza temporal con la democracia burguesa de los países coloniales y atrasados, pero no debe fusionarse a ella y tiene que mantener incondicionalmente la independencia del movimiento proletario incluso en sus formas más embrionarias».

La aplicación de estas directrices fundamentales en el curso de los acontecimientos chinos habría determinado, sin duda, una aclaración progresiva de algunos de los elementos hipotéticos contenidos en las Tesis, lo que por otra parte estaba claramente previsto en la primera línea de la 2ª Tesis que hemos citado, donde se habla de la necesidad de «una noción clara de las circunstancias históricas y económicas». Esta noción no podía llevar a otra cosa que a reconocer el carácter exclusivamente contrarrevolucionario del Kuomintang y la ausencia de toda posibilidad histórica de lucha antiimperialista en función del desarrollo de esas fuerzas económicas (Tesis 6).

Nuestra corriente, en violenta oposición a la dirección de la Internacional y al propio Trotsky, sostuvo desde el principio la tesis de la no adhesión al Kuomintang, calificando a este “Partido del Pueblo” de lo que realmente era y de lo que más tarde se revelaría cruelmente tras las masacres de proletarios y campesinos en 1927. Se relaciona así con lo que Lenin dijo en 1919 cuando escribió: «La fuerza del proletariado en no importa qué país capitalista es infinitamente más grande que la proporción del proletariado con respecto a la población total. Esto es así porque el proletariado domina económicamente el centro y los nervios de todo el sistema de la economía capitalista, y también porque en el terreno económico y político el proletariado expresa bajo la dominación capitalista los intereses reales de la enorme mayoría de los trabajadores»[6]. Y en cuanto a la naturaleza capitalista de las relaciones económicas en China, recuerda lo que ya hemos dicho marcando nuestro acuerdo con el análisis de Trotsky.

Veamos ahora, sucintamente, el planteamiento táctico de la Internacional. Se puede resumir en la fórmula del “bloque cuatripartito” (burguesía, campesinado, pequeña burguesía urbana, proletariado), fórmula que, por otra parte, fue redactada expresamente en las resoluciones de la Internacional.

La Revista de la Internacional Comunista, en su número 5 del 10 de marzo de 1927 (nótese que solo un mes más tarde Chiang Kai-Shek desatará el terror contra los proletarios en Shanghai), contiene un artículo especialmente llamativo de Martinov. Después de partir de la premisa de que «la liberación nacional de China debe necesariamente, en caso de éxito, convertirse en una revolución socialista, que el movimiento liberador de China es también parte integrante de la revolución proletaria mundial, diferenciándose en esto de los anteriores movimientos liberadores que eran parte integrante del movimiento democrático general», da a este movimiento, que es de “liberación nacional” sólo en la mente de los dirigentes de la Internacional, una característica mucho más avanzada que los que le precedieron en la historia de la formación de los Estados-nación burgueses en Europa. Martinov llega a la confusión de que mientras «en Rusia, en 1905, la iniciativa de la dirección emanó del partido proletario» y «la burguesía liberal rusa, durante un tiempo, se arrastró tras ella, esforzándose en cada parada temporal del movimiento para concluir un acuerdo con la autocracia zarista», en China «la iniciativa emana de la burguesía industrial y de los intelectuales burgueses» y, por tanto, «el Partido Comunista Chino debe esforzarse por no crear obstáculos (subrayado por nosotros) al ejército revolucionario contra los grandes señores feudales, contra los militaristas del Norte y contra el imperialismo».

Por su parte, Stalin, en un artículo polémico contra la oposición rusa (véase Stato Operaio de mayo de 1927) escribió: «En el primer período de la revolución china, en el período de la primera marcha hacia el Norte, cuando el ejército nacional que se acercaba al Yang-Tze iba de victoria en victoria, no se había desarrollado todavía un poderoso movimiento obrero y campesino y la burguesía indígena (excluyendo a los “compradores”) marchó junto a la revolución. Se trata, pues, de la revolución de un frente unido que se extiende a toda la nación. (subrayado por nosotros) Esto no significa que haya habido contrastes entre la burguesía indígena y la revolución. Sólo significa que la burguesía autóctona, al dar su apoyo a la revolución, se esforzaba por explotarla para sus propios fines dirigiendo su desarrollo esencialmente en la línea de las conquistas territoriales y trataba de limitar su desarrollo en otra dirección».

Los acontecimientos iban a demostrar cruelmente, mediante el desencadenamiento del terror a partir de abril de 1927, que la «revolución de frente único de toda la nación» era en realidad la incorporación de las masas insurgentes para someterlas a la dirección de los generales y que, finalmente, había una oposición aguda, estridente y violenta entre la «marcha militar hacia el norte bajo la dirección del Kuomintang» y las luchas de clase de los obreros y campesinos chinos. Todo el tacticismo de la Comintern se resumió finalmente en la directiva de Martinov: «no crear obstáculos al ejército revolucionario» (véase la cita anterior).

Para terminar, en cuanto al enfoque táctico de la Internacional, recordemos la declaración de Tan-Pin-Sian al VII Ejecutivo Ampliado: «En cuanto surgió el trotskismo, el Partido Comunista Chino y las Juventudes Comunistas adoptaron inmediatamente por unanimidad una resolución contra él».

Es bien sabido que bajo la etiqueta de trotskismo se incluían todas las tendencias que se oponían a la dirección de la Internacional. Si hemos mostrado esta cita, es para demostrar que el Partido Chino había sido vigorosamente “purgado” para poder llevar a cabo su política contrarrevolucionaria con total éxito.

***

El segundo semestre de 1926 y el primer trimestre de 1927 conocerán la máxima explosión de acontecimientos chinos. A lo largo de este período, que es puramente revolucionario, la Internacional se opone violentamente a las tendencias que se manifiestan en el seno de la vanguardia proletaria hacia la constitución de los soviets; se mantiene firme en la directiva del bloque cuatripartito.

La delegación rusa en China, que vivió en contacto directo con los acontecimientos, escribió una carta[7] dirigida al Centro de Moscú, en la que criticaba la política del Partido chino y de la que se desprende con qué vigilancia contrarrevolucionaria se llevaron a cabo las disposiciones tácticas que debían conducir al colapso de este grandioso movimiento. Dice: «Según el informe del Partido Comunista Chino del 13 de diciembre de 1926 sobre las tendencias peligrosas del movimiento revolucionario, la declaración afirma que “el mayor peligro consiste en esto: que el movimiento de las masas progrese hacia la izquierda”» (subrayada por el autor)

Sobre la cuestión de las relaciones entre el Partido y las masas, se puede deducir lo que eran de este pasaje:

«Las relaciones entre la dirección del Partido, los obreros y los campesinos fueron formuladas de la mejor manera posible por el camarada Petrov, miembro del C.C., con motivo del examen de la cuestión del reclutamiento de estudiantes para el curso especial (Universidad Comunista de los trabajadores del Este). Se debía obtener el siguiente desglose: 175 obreros y 100 campesinos. El compañero Petrov nos dijo que el Comité Central decidió nombrar sólo a estudiantes e intelectuales».

Sobre la cuestión campesina: «En el Pleno de diciembre (ed. 1926) del C.C., con la participación del representante del C.E. de la Internacional Comunista, se adoptó una resolución sobre la cuestión campesina. Esta resolución no contenía ni una sola palabra sobre el programa y la lucha agraria. La resolución sólo responde a una de las cuestiones más irritantes, la del poder campesino, y la responde negativamente: dice que no hay que lanzar la consigna del poder campesino para no asustar a la pequeña burguesía. De ahí que los órganos del Partido hayan ignorado al campesinado armado». (De hecho, no lo ignoraron al empujar al campesinado armado a los brazos de los generales del Kuomintang).

Sobre la cuestión del movimiento obrero: «Más de un millón de trabajadores organizados están privados de un centro de dirección. Los sindicatos están desvinculados de las masas y, en su mayoría, siguen siendo organizaciones de los grandes estados. El trabajo político y organizativo se sustituye siempre y en todas partes por la compulsión y el hecho principal es que las tendencias reformistas crecen tanto dentro como fuera del movimiento sindical revolucionario. La familiaridad cordial con los empresarios, la participación en los beneficios, la participación en el aumento de la productividad del trabajo, la subordinación de los sindicatos a los empresarios y a la patronal, son los fenómenos habituales».

Por otro lado, el rechazo a defender las reivindicaciones económicas de los trabajadores. Temiendo el desarrollo elemental del movimiento obrero, el Partido permitió el arbitraje obligatorio en Cantón y, más tarde, en Hang-Kéou (la idea misma del arbitraje pertenece a Borodin, delegado oficial de la Internacional Comunista). Especialmente grave es el temor de la dirección del Partido al movimiento obrero no industrial. Al fin y al cabo, la inmensa mayoría de los trabajadores organizados en China son trabajadores no industriales.

El informe del C.C. al Pleno de diciembre de 1926 dice: «Nos resulta extremadamente difícil definir la táctica con respecto a la mediana y pequeña burguesía, porque las huelgas de los artesanos y las huelgas de los obreros de cuello blanco no son más que conflictos dentro de la misma clase. Y como ambos bandos de la lucha (es decir, los empresarios y los trabajadores) son necesarios para el frente nacional único (el frente de la revolución, como dice Stalin, véase la cita anterior), no podemos apoyar a uno de los dos contendientes ni permanecer neutrales».

En el ejército:

«La característica del comportamiento del Partido hacia el ejército fue dada por el compañero Zhou Enlai en su informe. Les dice a los miembros del Partido: “vayan a este ejército nacional-revolucionario, fortalézcanlo, eleven su capacidad de combate, pero no realicen ningún trabajo independiente”. Hasta hace poco, no había células en el ejército. Nuestros camaradas asesores políticos se ocupaban exclusivamente del trabajo político-militar del Kuomintang».

Y, además: «El Pleno del C.C. en diciembre tomó la decisión de crear células en el ejército, células formadas sólo por comandantes con la prohibición de que los soldados entren en ellas».

El nudo que ata a las masas de trabajadores chinos insurgentes es sólido y, por desgracia, indestructible. El movimiento en su conjunto se incorpora en el marco de la unidad de todos, explotados y explotadores por igual, para la inexistente guerra de “liberación”. Dentro del Partido “purgado”, los proletarios son rechazados en el último rango, después de los intelectuales, en los sindicatos se proclama que la lucha entre los empresarios capitalistas y los proletarios es un conflicto «dentro de la misma clase», los campesinos armados deben ser disciplinados en el ejército “nacional”, mientras que las células “comunistas” están reservadas para los oficiales.

El nudo corredizo estaba listo. Se arrancaría en Shanghai el 12 de abril de 1927, cuando Chiang Kai-Shek desató el terror sobre las masas.

Antes de pasar a los acontecimientos posteriores es necesario destacar el acoplamiento espontáneo, hay que decir (para utilizar la terminología empleada por Engels en su estudio del desarrollo de la lucha de clases) natural entre el movimiento de masas y la Internacional Comunista. Esto responde a los múltiples constructores de revoluciones, partidos e internacionales que pululan por todas partes en otros países, y que en Italia afortunadamente no pasan a primer plano, que querrían dar la impresión de que la izquierda habría cometido el error de no separarse primero de la Internacional y fundar otra organización.

El movimiento revolucionario chino forma parte del mismo complejo histórico que tuvo su origen en el Octubre ruso y la Internacional Comunista. Los precedentes (la derrota alemana de 1923 y los acontecimientos en el seno del partido ruso) explican por qué esta dirección contrarrevolucionaria se había convertido en una necesidad histórica ineludible. Y esta dirección contrarrevolucionaria en sí misma no pretendía evocar directamente la fuerza antagónica susceptible de derrocarla, sino sólo determinar las premisas para una reconstrucción mucho más lejana del organismo internacional del proletariado, tan lejana que aún hoy las posibilidades históricas no se presentan, ni pueden ser determinadas por los militantes revolucionarios.

La violenta acción de Chiang Kai-Shek el 12 de abril de 1927 puso fin a la fase de mayor intensidad revolucionaria en China. El VIII Ejecutivo Ampliado de la Internacional en mayo de 1927 y el Pleno del C.C. del Partido Chino el 7 de agosto de 1927 marcaron un punto de inflexión en la táctica de la Internacional.

Cuando la situación se desplaza hacia la izquierda, como ocurrió hasta abril de 1927, del bloque de las cuatro clases, poniendo el movimiento de las masas bajo la disciplina del Kuomintang, la situación se desplaza, va hacia la derecha, la Internacional va hacia la izquierda y en las dos reuniones mencionadas ya se ven los pródromos de lo que se calificó como la “insurrección” de Cantón de diciembre de 1927.

El Kuomintang unido se convirtió en el terror anti obrero de abril de 1927. Se produce una escisión en el “Partido del Pueblo” y se forma un Kuomintang de izquierdas en Ou-Thang. Los comunistas incluso entraron en el gobierno mientras Stalin proclamaba que «el fondo de la revolución china consiste en la agitación agraria». El C.C. del Partido Chino, en la mencionada sesión, declaró que «existe una situación económica política y social favorable a la insurrección y que, como ya no es posible en las ciudades (Chiang Kai-Shek, gracias a la táctica de la Comintern, se había encargado de darse cuenta de esta imposibilidad NdR) desencadenar levantamientos, la lucha armada debe ser transportada al campo. Aquí es donde se encuentran los focos de la sublevación, mientras que la ciudad debe ser una fuerza auxiliar». Y el C.C. concluyó: «hay que organizar inmediatamente insurrecciones donde sea objetivamente posible».

El resultado de este giro caracterizado, por un lado, por un análisis que considera la existencia de una situación revolucionaria al mismo tiempo que la niega en lo que se refiere a la ciudad, y por otro, por la participación de los comunistas en el gobierno, no tardó en manifestarse a través del terror del Kuomintang de izquierdas contra los campesinos que continuaron la lucha.

***

Así nos acercamos a la “insurrección” de Cantón de diciembre de 1927. Los elementos políticos de evaluación que preceden a esta “insurrección” se encuentran en el Pleno del C.C. del Partido Chino de noviembre de 1927, sobre el que la resolución del Cantón de la Provincia de Kiang Sou del Partido Comunista Chino del 7 de mayo de 1929 proporciona algunas indicaciones interesantes.

Recordemos que el sacrificio de las masas al Kuomintang había conducido al violento aplastamiento del movimiento obrero en las ciudades, que el sacrificio de las masas campesinas al Kuomintang de izquierda había conducido a una violenta represión similar de los campesinos en el Hounan. Y así nos dirigimos al capítulo final de diciembre de 1927.

¿Fue realmente una “insurrección”? El IX Ejecutivo Ampliado de la Internacional que se celebrará poco después, en febrero de 1928, hizo «el compañero N. responsable de que no hubiera un soviet elegido en Cantón» (subrayado en el texto de la resolución). En el movimiento comunista no se puede dudar de que los soviets sólo aparecen en el curso de una situación revolucionaria y que, por lo tanto, o bien existen condiciones políticas que los determinan, y entonces sólo pueden ser elegidos (al margen de la cuestión formal y trivial de la elección, lo que interesa es que sean el producto espontáneo del movimiento de las masas sublevadas), o bien no existen y el nombre de soviet que se atribuirá a los organismos arteramente constituidos no corresponderá en absoluto a una posibilidad real de que el proletariado ejerza el poder.

Pero, en realidad, sólo estábamos asistiendo a la maduración del nuevo giro de la Internacional cuyos elementos primitivos se encuentran en el VIII Congreso Ampliado y en la reunión del C. C. del Partido Chino en agosto de 1927. La “insurrección” será decidida por los órganos centrales precisamente cuando ya no existan posibilidades para su triunfo. Sólo entonces se hablará del Soviet, la misma palabra que había sido estrictamente prohibida en el momento álgido de la ofensiva revolucionaria de las masas, en la segunda mitad de 1926 y el primer trimestre de 1927. Los proletarios de Cantón (téngase en cuenta que era precisamente la ciudad menos proletaria de China) chocaban con todas las tendencias del Kuomintang y la “insurrección” circunscrita a un único centro histó