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Biblioteca Hilo histórico Partido y clase Serie: PCInt 1971

PCInt (sección escandinava) – La izquierda alemana y la cuestión sindical en la III Internacional (1971)

DieAktionConradFelixMuller

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Nota introductoria del Grupo Barbaria

Publicamos la traducción al castellano de una serie de textos acerca de la escisión que vivió el PCInt-Programma Comunista en 1971 a partir de sus secciones escandinavas y algunas de sus secciones francesas (Saint Étienne, Lyon, Bourg, Le Mans y una parte de la de Marsella). En los argumentos tratados, nos parece que destacan toda una serie de reflexiones que son vitales hoy desde un punto de vista teórico para la preparación de la futura revolución y el desarrollo de nuestro partido histórico: la crítica al activismo y el inmediatismo sindical; la toma de distancia con el tercerinternacionalismo y a una perspectiva tradeunionista y kautskysta que se adapta a la clase obrera tal y como es en un período de paz social, y no de cara al proceso revolucionario futuro; la consideración del partido formal como ya existente y motor de la lucha de clases; la comprensión de que el capitalismo es una totalidad que ha socializado y unificado economía y política, lo que hace imposible pensar una actividad revolucionaria alrededor del dualismo sindicato-partido, etc. Las consecuencias de esto son muy importantes, pues explicaría que el proletariado se constituye en clase y en partido, superando ese dualismo, precisamente rompiendo con la paz social y con el sometimiento del proletariado al capital y a sus instituciones económicas, políticas y jurídicas. En definitiva, esperamos que la lectura de estos textos cumpla con su función esencial: ayudar en el proceso de clarificación programática hacia el comunismo. En concreto, este informe que preparan las secciones escandinavas para un encuentro internacional en Marsella es el origen de la ruptura que hemos ido tratando en el conjunto de los textos. Un informe que nos parece muy importante por cómo recupera el valor de la izquierda comunista germano-holandesa para nuestro partido histórico. En un sentido paralelo a lo que hacemos nosotros en nuestro Pasado de nuestro ser.

Introducción

El texto que presentamos aquí constituye la primera formulación de un trabajo realizado por las secciones escandinavas[1] del Partido Comunista Internacional a partir de informes sobre la Historia de la Izquierda Comunista presentados en las Reuniones Generales (RG) de septiembre de 1969 y abril de 1970 (repetido en la RG de diciembre de 1970). Las etapas del trabajo realizadas posteriormente por las secciones escandinavas corresponden a los informes presentados en las Reuniones Regionales (RR) escandinavas de mayo de 1970, enero de 1971, agosto de 1971 y en la RG de septiembre de 1971. A lo largo de este trabajo, fue apareciendo cada vez con mayor claridad que el período más importante de la Revolución alemana fue el de 1919-1921, cuando los sectores más combativos del proletariado abandonaron los sindicatos contrarrevolucionarios (ADGB), la socialdemocracia y el partido “centrista” independiente (USPD), e intentaron enfrentarse abiertamente al Estado capitalista y a sus órganos. Por ello centraremos nuestro trabajo en los órganos que constituyen el movimiento revolucionario: 1) las Uniones, 2) los órganos militares y 3) los órganos políticos (el partido). Dada la importancia de la Revolución alemana como factor decisivo para el desarrollo de la revolución internacional, haremos también breves alusiones a la solución adoptada por la Internacional Comunista (IC) a los problemas tácticos discutidos en sus I, II y III Congresos. Puesto que el Partido[2] ya ha analizado las tesis sobre la cuestión parlamentaria[3], decididas en el II Congreso, nos limitaremos aquí a la cuestión “más importante”: la cuestión sindical, que incluye las decisiones tomadas sobre el entrismo en las cooperativas y en el Labour Party inglés.

Breves notas históricas sobre el período anterior a 1919

La demolición teórica de Bernstein y de Kautsky llevada a cabo por Rosa Luxemburgo y Anton Pannekoek tuvo su confirmación práctica en la táctica chovinista y colaboracionista seguida por la socialdemocracia alemana durante la Primera Guerra Imperialista[4]. La reacción ante la traición del partido de la Segunda Internacional se manifestó en forma de tres grupos principales:

  1. El grupo espartaquista, cuya primera acción fue el voto contra los créditos de guerra (diciembre de 1914 y marzo de 1915) y la agitación derrotista contra la guerra. Nació en 1916, pero su organización permaneció sometida a una táctica de entrismo en el USPD; además, se mostró incapaz de romper los lazos con el pasado segundo-internacionalista en lo que respecta a la táctica internacional; en las conferencias de Zimmerwald y Kienthal, la tendencia fue más bien apoyar al centro de Ledebour que a la Izquierda de Zimmerwald dirigida por Lenin.
  2. El grupo de la redacción del periódico berlinés Lichtstrahlen, que tuvo importancia debido a su precocidad; su redactor J. Borchardt apoyó a la Izquierda de Lenin tanto en Zimmerwald como en Kienthal (1915 y 1916). Sin embargo, a continuación su reacción frente a la degeneración del partido socialdemócrata fue aprogramática: teorizó ante todo la nefasta idea de la relación jefes-masas como elemento decisivo para los órganos proletarios, y llegó a un “antipartidismo” que fue criticado en 1917 por la principal tendencia revolucionaria alemana (la Bremerlinke).
  3. La Bremerlinke, que apoyó a la Izquierda de Zimmerwald en la Conferencia de Kienthal y representó, junto con los bolcheviques, el precursor programático de lo que debía convertirse en la posición general del I Congreso de la Internacional Comunista[5].

La derrota del ataque revolucionario de 1918-1919

Las luchas que se produjeron durante el invierno de 1918-1919 serán descritas más ampliamente en la edición completa de este trabajo, que aparecerá más adelante en danés e italiano. Su historia está bien detallada en Illustrierte Geschichte der Deutschen Revolution, redactada por Paul Frölich (a pesar de su sumisión íntegra a la línea general del Ejecutivo zinovievista y bujarinista). Aquí queremos limitarnos a tratar algunos rasgos generales de estos primeros movimientos:

  1. Dominación de la socialdemocracia, tanto como fuerza de traición oportunista en la dirección de los consejos de obreros y soldados surgidos a finales de 1918, como fuerza burguesa en la organización estatal, sindical, parlamentaria, ministerial y militar de la contrarrevolución armada.
  2. Inmadurez de la vanguardia revolucionaria, es decir, del Partido Comunista (KPD (S)), que solo se organiza realmente cuando la insurrección ya ha comenzado (30 de diciembre de 1918 – 1 de enero de 1919). Está profundamente dividido, tanto sobre la dirección táctica a seguir (solo el antiparlamentarismo está bien fijado, mientras que el carácter de la lucha contra los sindicatos contrarrevolucionarios no puede decidirse aún), como sobre la concepción programática de su propio papel y de su propia organización: la cuestión de la organización “unitaria”, defendida por elementos del ISD (es decir, por sus elementos “radicales de izquierda” en Hamburgo y Dresde – aunque este problema en aquella época aún se planteaba de manera bastante vaga – e incluso por el “bolchevique” Johan Knief, dirigente de la tendencia comunista del ISD, La Bremerlinke); y la cuestión, decisiva, de las masas que, además del apoyo de los “radicales”, ya mencionados, encontraban también simpatías entre los espartaquistas que habían defendido —aunque también de manera poco clara— estas posiciones cuando formaban la fracción “internacional” en el USPD[6]; incluso K. Liebknecht defendía puntos de vista de este tipo en 1917 (véase Politische Aufzeichnungen, en Nachlass).
  3. Como consecuencia de los dos primeros puntos, no encontramos en ninguna región alemana donde existan consejos, de forma clara y neta, un poder que pueda llamarse dictadura proletaria ni, menos aún, un Estado obrero dirigido por el partido comunista de clase. En ninguna ciudad se adoptan medidas decisivas de carácter totalitario del tipo propuesto por Lenin en su Telegrama a la República Soviética de Baviera (véase cita en el anexo de este texto).

En ninguna ciudad los comunistas ejercen la dirección completa de los consejos. En la mayoría de los consejos, la fracción principal es la socialdemócrata (por ejemplo en Bremen y Dresde); a menudo su papel es apoyado por los Independientes[7], como en Hamburgo y Berlín (entre otros, bajo la máscara de los “Revolucionarios de Octubre”). En Múnich (donde encontramos incluso liberales y libertarios en la primera república soviética de Baviera), Brunswick (donde, sin embargo, se encuentra el grupo comunista de Merges, que puede imponerse —como ocurrirá más tarde también en Múnich con Leviné). Se crea una situación “especial” en ciudades como Gelsenkirchen, Bochum y Mannheim, donde los Independientes de izquierda forman parte de la dirección junto con los comunistas.

Las ciudades donde los comunistas tienen los medios (y el tiempo es siempre demasiado corto) para imponerse en la formulación de los decretos son Bremen y Brunswick; pero esto se produce siempre de manera esporádica y débil, ya que, en general, es el oportunismo socialdemócrata o independiente el que dicta la línea de los consejos, los cuales, como es sabido, acaban por pedir la convocatoria de la Asamblea Constituyente[8]. El congreso de los consejos es, por consiguiente, socialdemócrata; los sindicatos son partidarios del apoyo directo (y a menudo incluso intentan un apoyo militar) a Noske, y el Partido Comunista es joven y no unitario; no existe coordinación entre los distintos consejos, de tal manera que Noske y sus generales pueden aplastar una a una las ciudades en manos de los obreros revolucionarios, sirviéndose únicamente de 200.000 hombres para abatir a una clase que cuenta con millones.

A esto se suma el terror blanco que, junto con las luchas del invierno de 1918-19, provocó más de 15.000 víctimas, todas fueron obreros revolucionarios, entre ellos numerosos comunistas (R. Luxemburg, K. Liebknecht, L. Jogiches, W. Möller, E. Leviné —por no nombrar a todos los que murieron a causa de la supuesta “enfermedad” contraída por los revolucionarios durante sus muy largas estancias en las celdas de las prisiones y que mató a los militantes de la izquierda de Bremen J. Knief, A. Dannat, etc.). Que el terror blanco haya podido triunfar tan fácilmente demuestra una vez más la debilidad del movimiento de 1918-19, en el que no hubo ejemplos de verdadero terror rojo; los proletarios solo estuvieron armados parcialmente (Hamburgo, Kiel, Dresde), pero no hubo verdaderos órganos militares revolucionarios organizados durante ese primer invierno.

LA SITUACIÓN SINDICAL EN ALEMANIA HASTA 1919

La característica de los sindicatos en este período es la pasividad o el apoyo a Noske de los “Sindicatos Libres” de Legien (llamados posteriormente ADGB en 1919). Por tanto, no fueron conquistados por los proletarios revolucionarios, sino que permanecieron en manos de la socialdemocracia o de los Independientes que dirigían la oposición en el seno del ADGB. Para comprender esto, hay que subrayar que los sindicatos alemanes, durante la guerra imperialista, fueron encargados por el Estado de organizar a los obreros, enviarlos al frente o repartirlos en la producción de guerra (así, ¡los revolucionarios estaban siempre seguros de ser alistados de manera voluntaria!). En consecuencia, la oposición revolucionaria dentro del sindicato tuvo siempre un carácter muy duro y, con razón, escisionista: ya en junio de 1917, en el Congreso de la Federación del Metal, se presentó una resolución que atacaba el chovinismo y proponía cesar el pago de cotizaciones a la Central; esta resolución obtuvo 44 votos a favor y 77 en contra.

La tendencia de las reacciones obreras de oposición es, pues, la de liberarse de la dirección central; allí donde, de hecho, la oposición logra una mayoría (en pequeñas federaciones y en sindicatos locales del metal del Ruhr, de los marineros fluviales), deja de practicar el pago de contribuciones económicas a la Central de Legien[9], lo que significa en la práctica la escisión. Así nace esta primera tendencia de localismo y autonomismo, contra la cual las direcciones de las Uniones más recientes (AAUD y FAUD(G)) deberán luchar, sin lograr dominarla; sin embargo, esta tendencia servirá de base a las organizaciones sindicalistas (FAUD(S)) y post-proudhonianas (AAUE).

La oposición no escisionista, que permanece en el ADGB, cae completamente en manos del USPD (por ejemplo, importantes sindicatos metalúrgicos de Berlín), ya que el Spartakusbund se desentiende de ella:

«La posición de los sindicatos es de importancia secundaria para los acontecimientos políticos».
(Extracto de la Conferencia de octubre de 1918 del Spartakusbund).

En cambio, su interés se dirige hacia los Betriebsräte (consejos de fábrica), que rápidamente son legalizados e incorporados a la estructura sindical, o bien se forman junto a pequeños sindicatos escisionistas (a los que sustituyen prácticamente), constituyendo la base organizativa de las Uniones. Véase el esquema al final del artículo[10].

El hecho de que la oposición sindical haya podido permanecer en manos del USPD y que los organismos de consejos/Uniones hayan tenido un desarrollo lamentablemente caótico en lo que respecta a su centralización y coordinación es el resultado de la falta de toma de posición del primer congreso del KPD(S), donde R. Luxemburgo evita una formulación definitiva para no llegar a ella, como en la cuestión parlamentaria, a tener que someterse a una práctica que su grupo no aprueba. Los primeros seis meses del KPD(S) se caracterizan, pues, por el hecho de que los comunistas no tienen una relación unitaria con los órganos sindicales, sino que su práctica varía según las regiones: en Hamburgo y Bremen, los comunistas atacan las oficinas sindicales de Legien, se apoderan de las cajas y dan el contenido a los trabajadores en paro; los obreros no mueven un dedo para “defender” su órgano. En la Conferencia de secciones del KPD(S) de Alemania del Norte (septiembre de 1919), se decide que los miembros del KP deben abandonar el ADGB.

Durante este período surgen las primeras Uniones.

En el congreso de la Confederación de Mineros del Ruhr, 475 delegados votan contra la política de su sindicato y solo 8 votan a favor. La central sindical se niega a reconocer tal toma de posición y los mineros forman una nueva organización de lucha, la Allgemeine Bergarbeiter-Union[11], que solo en el Ruhr cuenta con más de 90.000 miembros (desarrollos paralelos se producen en Alemania Central y en Alta Silesia). El 26 de agosto de 1919, la Unión de trabajadores del puerto y de los astilleros navales de Hamburgo hace su aparición; también está dirigida por comunistas.

Esta escisión “sindical”, muy poderosa en todo el sector de las minas y en la industria metalúrgica, no surge solo por cuestiones reivindicativas, sino por cuestiones políticas del tipo: ataque contra la Central por su apoyo a Ebert y a los generales kaiseristas, armamento de los proletarios, reconocimiento de la República Soviética rusa, solidaridad militante con ella y contra el apoyo de Ebert-Scheidemann a los polacos y a los ejércitos blancos. Si la situación revolucionaria hubiera conservado su agresividad general, los hechos de Bremen y Hamburgo se habrían repetido en el Ruhr, en Alta Silesia y en Alemania Central; en cambio, los viejos sindicatos (Verband) seguirán existiendo como órganos contrarrevolucionarios, sostenidos económicamente por la Central del ADGB y por las capas de la aristocracia obrera.

El año 1919 es el año del proceso de formación de las Uniones. Incluso la Central del KPD(S), que después de marzo se ha pasado al grupo Levi-Brandler, lanza la consigna de formar Uniones revolucionarias para los ferroviarios y para los obreros agrícolas. Según las viejas leyes kaiseristas, estas dos categorías no tenían derecho a organizarse; con la República de Weimar se instaura la “libertad de organización” (lo cual es una necesidad material para el capitalismo moderno centralizado) y estas categorías “sin madurez” afluyen al ADGB, formando así el grueso de las nuevas afiliaciones de la posguerra; las excepciones fueron poco numerosas, como puede verse en el esquema final.

Tras las derrotas finales de ese año, la Central de Levi cambió completamente de táctica: dejó de apoyar a las Uniones y pasó al entrismo en el ADGB, donde el USPD ya había conquistado la posición dirigente de la oposición sindical legal. El cambio de orientación del KPD(S) fue, por tanto, bastante brusco: en la primera mitad de 1919 todavía se hablaba de una “organización unitaria” (partido-Uniones)[12], teoría que circulaba entre los “radicales de izquierda” (las secciones de Hamburgo y Dresde). En el transcurso del otoño se comenzó a tratar esta teoría de la “Einheitsorganisation” como “sindicalismo”, y a quienes no aceptaban el cambio de orientación se les calificó de sindicalistas. Siguiendo este método, ya perfeccionado por Bebel y Kautsky, se logró desacreditar también a la izquierda comunista del KPD(S) (especialmente fuerte en Bremen y Berlín), que no quería aceptar ni el nuevo entrismo parlamentario y sindical ni la teoría de la organización unitaria; en efecto, esta última consideraba (sobre todo la Bremerlinke) a las Uniones como órganos revolucionarios intermedios entre el partido y la clase. La oposición a la nueva táctica fue, pues, desgraciadamente completamente heterogénea: reunía a los comunistas y a los sindicalistas proudhonianos que solo tenían en común la reacción contra la Central de Levi. En los primeros meses, los “radicales de izquierda” (Hamburgo) dominaron la oposición dentro del KPD(S); ello hizo posible la escisión en el congreso de Heidelberg (octubre), donde los partidarios de Levi lo tuvieron fácil, puesto que la oposición estaba dirigida por la sección de Hamburgo. Muy pronto, la teoría del nacional-bolchevismo[13] se añadió al “tradeunionismo de izquierda” (teoría IWW hamburgués) y la oposición (KPD(O)) pasó a estar dirigida por la sección de Bremen (para las escisiones políticas, véase el esquema[14]).

Mientras que el cambio de dirección de la táctica sindical tuvo poca importancia en Alemania central y septentrional, donde el movimiento unionista permanecía en manos del KPD(O), la escisión política de Heidelberg provocó un gran desorden en el Ruhr; este hecho, unido al desinterés de la Central-KPD(S) por las Uniones, hizo posible el breve éxito de los sindicalistas de la Freie Vereinigung (FAUD(S)) desde finales de 1919, que asumieron la dirección de la Bergarbeiter-Union y de otras tendencias unionistas abandonadas por el KPD.

En su “Carta abierta a los miembros del KAPD” (2 de junio de 1920), el Ejecutivo de la Internacional Comunista reprocha (aunque de manera bastante débil) a la Central de Levi haber abandonado el terreno del Ruhr a los sindicalistas, aunque en su ataque contra el KAPD —que durante su proceso de formación había perdido la Bremerlinke— apoyaba la crítica formulada por el KPD(S). Pero lo que para la Internacional era una crítica honesta, no era para la Central de Levi más que un medio táctico para neutralizar a la izquierda alemana y ganar así prestigio legalista y parlamentarista frente a los centristas del USPD.

EL PRIMER CONGRESO DE LA III INTERNACIONAL (marzo de 1919)

Ante todo, hay que recordar que este Congreso tiene lugar durante el mes en que se producen las duras luchas en Berlín a propósito de esta huelga general que costó la vida a 1.200 proletarios berlineses; que la República Soviética de Baviera no cae hasta mayo (aunque no haya sido dirigida por los comunistas hasta la última etapa); y que la experiencia húngara aún no se ha producido. El movimiento revolucionario sigue siendo, por tanto, muy reciente, las luchas continúan en Europa y la cuestión de la táctica parlamentaria y sindical ha pesado naturalmente menos en una situación en la que el problema es constituir el Partido Internacional de un movimiento revolucionario en lucha, y no de un movimiento en espera, como el problema que se planteará ya en el II Congreso.

La amarga lección de la liquidación de la dirección espartaquista por la socialdemocracia aún no ha conocido su confirmación catastrófica en Múnich y Budapest, donde respectivamente los comunistas acaban entrando en colaboración con los centristas y el partido se fusiona con los socialdemócratas, que, tras la llegada de refuerzos contrarrevolucionarios, regresan a su anticomunismo encarnizado.

La Internacional no estaba aún entonces en desacuerdo con su Buró de Ámsterdam para Europa Occidental (la izquierda holandesa) ni sobre la cuestión de llevar a cabo escisiones sobre los grandes partidos adherentes (tipo el italiano y noruego) se había tomado todavía ninguna decisión práctica.

Por el contrario, las corrientes revolucionarias no tenían un carácter tan heterogéneo como el que veremos en el III Congreso, donde los reformistas son representados por D´Aragona, centristas como Serrati, Levi, los partidos de Suecia, de Checoslovaquia, de Noruega, el Partido Socialista Británico, etc., los sindicalistas tipo CNT, USI, FAUD(S), revolucionarios sin programa como los IWW, comités Shop Steward) y comunistas como los bolcheviques rusos, abstencionistas italianos, comunistas belgas, suizos, daneses. En el I Congreso, la situación era la contraria y los comunistas podían dominar, incluso si no estaban todos presentes (el KPD(S) tenía solo un delegado, el espartaquista Eberlein (Albert), los abstencionistas italianos no estaban aún presentes). El programa votado en el Congreso era muy general, las tácticas no estaban definitivamente fijadas, del mismo modo que los criterios de admisión no estaban definidos; pero el Congreso representaba de manera mucho más coherente ese movimiento internacional que intentaba organizarse. Este movimiento estaba esencialmente formado por corrientes revolucionarias surgidas de la izquierda de la Segunda Internacional durante un proceso en el que la única coordinación internacional fue llevada a cabo por la izquierda zimmerwaldiana de Lenin, aunque esta fuese muy heterogénea desde el principio.

Durante el curso de este primer Congreso, el carácter de federación internacional, que caracterizó a la III Internacional hasta su “bolchevización” centrista, se impuso, pese a todos los intentos de centralización dirigidos por los comunistas italianos y rusos, que no se llevaron a cabo a causa de las luchas revolucionarias en curso en Europa Central. La “discusión” sobre las tácticas está pues caracterizada por esta serenidad revolucionaria. Solo en el III Congreso veremos aparecer argumentos de carácter oportunista avanzados por los comunistas como Lenin y Bujarin contra el antiparlamentarismo político de la izquierda italiana.

Que la táctica sindical y parlamentaria no haya ocupado un lugar central durante este primer Congreso Internacional se muestra también por el hecho de que no recibió un tratamiento especial en los trabajos del Congreso, como sí lo hará durante los Congresos de 1920 y 1921, de los que hablaremos brevemente más adelante. La cuestión sindical forma parte entonces de los informes generales programáticos; tienen un carácter común: el escepticismo respecto al papel del sindicato tradicional en la revolución.

El delegado húngaro Rudnyánszky describe cómo los comunistas adoptaron una posición en los sindicatos del metal y en los de los obreros agrícolas, que incluso habían sido creados por ellos mismos; pero afirma que, en general, los sindicatos están en manos de la socialdemocracia y que hacía todo lo posible, costase todo lo que costase, expulsar de ellos a los comunistas.[15] El texto muestra de qué manera los sindicatos pasaron a la contrarrevolución una vez que los planes fracasaron en la batalla contra la República Soviética Húngara.

El delegado inglés Fairberg, del Grupo Comunista inglés, describe cómo los Shop Stewards existían ya, desde hacía tiempo, en la estructura sindical inglesa como delegados de fábrica, pero que su función cambió radicalmente cuando comenzaron a dirigir movimientos de huelga completamente saboteados por la TUC chauvinista. Se organizan en comités de Shop Stewards; los primeros surgieron en Clyde, Londres[16] y en Sheffield. Su base era la Escocia industrial. Estos comités fueron organismos menos centralizados que los sindicatos alemanes e incluso menos aún que la IWW americana; tenían en común con estos últimos el hecho de no ser reconocidos ni por los sindicatos ni por la patronal. El período principal de los Shop Stewards se centra entre 1918, 1919 y 1920. El grado más alto de coordinación alcanzado se limitó a los manifiestos y programas de sus Congresos nacionales.

El delegado norteamericano Reinstein (Socialist Labour Party) es el único que se pronuncia claramente por el trabajo en los sindicatos tradicionales y propone una adición a Richtlinien (líneas de dirección) del comité de redacción Albert-Bujarin: «el movimiento sindical está guiado por un terreno verdaderamente revolucionario y los sindicatos deben ser transformados».

Albert responde por el comité de redacción que una especificación así es demasiado precisa; además, es rechazada por el Congreso (véase el discurso de Albert en anexo). La táctica decidida es política: los sindicatos son colocados ante la disyuntiva entre la revolución y la III Internacional, o la contrarrevolución y la socialdemocracia (véanse las citas del Manifiesto del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista (CARTA A LOS SINDICATOS DE TODOS LOS PAÍSES, ver en el anexo).
Para Estados Unidos, se propone en cambio claramente la escisión con la AFL y la creación de un nuevo organismo revolucionario en torno a las Uniones y a los sindicatos escisionistas.

Que la cuestión de los organismos del tipo de los Comités Shop Stewards no esté bien aclarada, que su papel como órganos intermedios entre partido y clase no esté bien definido, se desprende de las tesis presentadas por Lenin; estas establecen un paralelismo entre los sóviets rusos y todo el sistema de los consejos alemanes (que va desde consejos ya reaccionarios, del tipo de los consejos de soldados, hasta los Betriebsräte revolucionarios[17]) y los comités Shop Stewards que, como los Betriebsräte, es posible conquistar para el comunismo, pero que, aunque políticos, están demasiado ligados a las fábricas capitalistas como para convertirse —al menos inmediatamente— en las bases de la dictadura proletaria; Lenin puede considerarlos como la forma de la dictadura del proletariado ya elaborada “de hecho”. Se formula así un concepto ambiguo, que puede admitir un poder proletario incluso antes de la destrucción revolucionaria y violenta del Estado burgués[18]. Tal posición será condenada posteriormente en el III Congreso, en LAS CONDICIONES PARA LA CREACIÓN DE CONSEJOS OBREROS, pero una cierta ambigüedad subsistirá siempre en las posiciones sobre el “control obrero”, que más tarde podrá permitir al trotskismo recordar ciertas fórmulas vagas de la Internacional para justificar las posiciones ordinovistas de la IV Internacional.

En cambio, la Izquierda italiana (véase la bibliografía sobre Il Soviet) precisa en su crítica temprana de las tesis del Ordine Nuovo de Gramsci y Tasca la concepción marxista de los “consejos de fábrica”, subordinándolos completamente a la visión política del papel del proletariado en tanto que clase histórica, cuyo objetivo es la destrucción del Estado burgués y la instauración del nuevo Estado proletario. Así desmonta una vez más la teoría proudhoniana, que no ve en la clase obrera más que “productores” o “trabajadores de fábrica”, atribuyéndoles de manera gradualista y fundamentalmente reformista el objetivo de emanciparse localmente tomando la dirección de una entidad económica capitalista dada. En la teoría del “control obrero” existía entonces, y existe aún, una concepción completamente premarxista que, en el fondo, niega la lucha de clases como lucha política por la toma del poder.

La Izquierda italiana muestra igualmente su antiformalismo en la cuestión de los órganos intermedios entre partido y clase, cuando se declara escéptica respecto a la alianza propuesta por la III Internacional con los “sindicalistas revolucionarios”, y respecto a la sobreestimación del papel del sindicato en el proceso revolucionario, recordando su papel ambiguo en Rusia y en Hungría (véase la primera cita de Il Soviet en anexo). La Izquierda italiana, basándose en su práctica frente a los sindicatos italianos, juzgó posible en general un trabajo dentro de los sindicatos reaccionarios, admitiendo sin embargo (véase la segunda cita de Il Soviet en anexo) que estos podían volverse “corruptos” hasta el punto de que fuera necesario abandonarlos. El papel noskista[19] de la ADGB alemana y el alcance de la escisión sindical en Alemania nunca fueron claros para la Izquierda italiana. De ello se desprende que la posibilidad de sobreestimar la posibilidad de conquista del sindicato tradicional, basándose únicamente en la experiencia italiana de un sindicalismo del modelo clásico del capitalismo reformista, aún no “integrado” en el Estado capitalista. La Izquierda italiana mostró igualmente en esta cuestión su antiformalismo, dentro de las posibilidades que le daba el determinismo histórico, confirmando de nuevo, de manera marxista, la fórmula de infausta memoria leviniana[20], a saber: «la revolución no es una cuestión de forma de organización».

LAS UNIONES

Las Uniones no serán descritas aquí más que hasta 1921, debido al reflujo general del movimiento revolucionario —comenzado tras la derrota de la “acción de marzo” de 1921— que tuvo inmediatamente consecuencias catastróficas para ellas, dado que no existía ninguna corriente política suficientemente fuerte, monolítica y programáticamente clara como para ser capaz de animarlas. De esta tenacidad revolucionaria, que se nutre cotidianamente de la doctrina comunista, fuerte tanto en la derrota como en la victoria, las Uniones perderán sus miembros; muy pocas subsistirán, como veremos; las durísimas derrotas sufridas y las soluciones tácticas decididas por la Internacional también desempeñarán su papel para que las categorías que se habían batido heroicamente durante cuatro años caigan en una pasividad apolítica (y “asindical”) o se integren en las filas de la ADGB socialdemócrata, donde el VKPD, ahora centrista, obtiene un éxito efímero con su frentismo y su ministerialismo “obrerista” y “unitario”, para ser definitivamente desenmascarado durante los grandes movimientos de parados de 1923, cuando la sección de la III Internacional atraviesa el nacional-bolchevismo (a causa de la ocupación del Ruhr y de la crisis que esta provocó) para desembocar en el “absentismo antirrevolucionario” durante el “octubre alemán” de la misma manera. Véase la justa crítica de Trotski (1917 – Lecciones de Octubre[21]), donde establece un paralelismo entre la dirección del KPD y la fracción Zinóviev-Kámenev-Noguin-Losovski del período que precede inmediatamente al Octubre ruso.

1 – “Allgemeiner Bergarbeiter-Union” y FAU (Gelsenkirchen).

La Allgemeiner Bergarbeiter-Union fue fundada el 30 de marzo de 1919. Como ya hemos visto, era fuerte en Alemania Occidental (Ruhr), donde logró encuadrar alrededor del 33 % del conjunto de los mineros; dominaba completamente en la principal región del Ruhr, Renania-Westfalia. En su primer período estuvo enteramente bajo la dirección de los comunistas, ya que sus miembros eran activos bien en el USPD, bien en el KPD(S). Cuando la Central del KP pasó al entrismo en la ADGB, abandonando las Uniones en las que los centristas del USPD jamás se habían interesado, resultó fácil para los sindicalistas tomar la dirección de la joven Bergarbeiter-Union (decapitada).

Pero, como veremos en el pequeño capítulo sobre la FAUD(S), los sindicalistas de la Freie Vereinigung pertenecían a la tendencia pacifista, federalista y, en consecuencia, centrista en política (como mucho); sus tomas de posición eran, por ello, idénticas a las de la Central de Levi en lo que respecta a las diversas expresiones de la lucha revolucionaria (sabotaje, terror, atentados, etc.).

Dado que los miembros de la Bergarbeiter-Union permanecían en el KPD y en el USPD, existió siempre un fuerte antagonismo entre los miembros de la Unión de mineros y su dirección sindical, que era abiertamente contraria a la teoría fundamental del marxismo sobre el partido comunista de clase. La dirección de la FAUD(S) era muy moderada y precozmente frentista; su comportamiento democrático e hiper-antipartidista en el III Congreso (el representante era A. Souchy) estaba en plena contradicción con el entusiasmo por la III Internacional y por la Rusia soviética de sus miembros, no solo comunistas, sino también “sindicalistas revolucionarios” (del tipo de las posiciones expresadas por A. Borghi en la sesión del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista del 21-8-1920, en nombre de los anarcosindicalistas italianos de la USI).

En consecuencia, y también a causa de la tendencia a la unificación del KPD(S) con la Izquierda Independiente, la Bergarbeiter-Union abandonó la FAUD(S) en octubre de 1920 y fundó, con las Arbeiter-Unions de los mineros de Alta Silesia y de Alemania Central, la Freie Arbeiter-Union, llamada de Gelsenkirchen, que contaba con 115 000 miembros. Solicitó convertirse en sección de la Profintern y lo consiguió. Con la unificación de los comunistas del KP con los Independientes de Izquierda, solicitó la afiliación al nuevo partido VKPD, del cual numerosos adherentes de la FAU(G) eran miembros; obtuvo la afiliación. Para el VKP, la FAU(G) fue la “organización intermedia” o “sindical” más grande que jamás haya dirigido, pero, a causa de sus aspiraciones frentistas y de partido de masas, abandonó esta Unión tan importante en sí misma e hizo todo lo que pudo para poder hacerla entrar en la ADGB, con el fin de reafirmar su posición de oposición sindical, ya reforzada por la llegada de los Independientes de Izquierda. Pero la FAU(G) se opuso al entrismo en la ADGB y quiso formar una Unión fuerte bajo la dirección de la Profintern y del VKP. Sin embargo, estos últimos trabajaron contra esta política y, en consecuencia, solo lograron la adhesión de otras dos organizaciones unionistas a la FAU(G). En septiembre de 1921, la FAU(G) formó la “Union der Hand- und Kopfarbeiter Deutschlands” (organización-consejo) con la Verband der Hand- und Kopfarbeiter (trabajadores del ayuntamiento y del Estado de Berlín) y con la Landarbeiter-Verband (obreros agrícolas de Brunswick).

Esta nueva Unión contaba con 168 000 miembros, siendo la más importante de Alemania en términos numéricos. Intentó igualmente la unificación con la AAUD (véase el pequeño capítulo sobre esta Unión), sobre la base de su adhesión común a la Profintern. Pero la política antiunionista de la Profintern alejó inmediatamente a la AAUD después de su I Congreso (1921) y, por consiguiente, también se distanció de la FAU(G). Esta permaneció fiel al VKP, aunque su política de “salida de los sindicatos” no fue compartida por el partido. En contradicción con las directrices de la Profintern, intentó igualmente seguir la política “clásica” de los sindicatos alemanes: contra las acciones “particulares” y únicamente reivindicativas (siempre dirigidas por la socialdemocracia o por los Independientes para desviar los movimientos) y por la acción generalizada y político revolucionaria. La contradicción entre la dirección política del VKP y las aspiraciones revolucionarias de los miembros de la FAU(G) llevó a la derrota de 1921, así como al despoblamiento de esta Unión como de las otras dos. Más tarde, se escindió a causa de la catastrófica política sindical del VKP y, en 1924, el VKP terminó por hacer adherir la FAU(G) a la ADGB, pero la FAU(G) no contaba ya entonces más que con 21.000 miembros.

2 – FAUD(S)

ºLa organización sindicalista alemana, la Freie Vereinigung, nació hacia 1900 tras una escisión en la socialdemocracia y en los sindicatos socialdemócratas. El sindicalismo soreliano nunca tuvo en Alemania la fuerza de las organizaciones paralelas en Francia o en Italia antes de la Primera Guerra imperialista.

Sólo tras las masacres de comunistas por parte de la socialdemocracia y la escisión en las filas del KPD(S), los sindicalistas alemanes pudieron construir una organización paralela a las de los países latinos de Europa y sudamericanos, apoyándose en el movimiento revolucionario unionista y tomando su dirección, principalmente en la Ruhr y en Alemania Central. Siempre hubo una contradicción en la organización sindicalista: los viejos sindicalistas habían defendido una estructura organizativa basada en los oficios y no en las industrias, como lo eran las Uniones; además, habían adoptado originalmente el siguiente criterio: los miembros de la Freie Vereinigung no podían ser al mismo tiempo miembros de un partido político. Se intentó mantener este principio cuando se fundó la FAUD(S) en diciembre de 1919; pero para conservar a los 111.000 miembros no se pudo aplicarlo, ya que los adherentes a las Uniones, como hemos visto, estaban ya encuadrados políticamente.

La FAUD(S) estuvo dirigida por un Centro de viejos sindicalistas, a cuya cabeza se encontraban R. Rocker y F. Kater, que defendían el sindicalismo pacifista y antirrevolucionario. Fueron los primeros en lanzar la consigna “frentista”, invitando ya en 1918 a un “frente socio-político” con los espartaquistas y los Independientes. Política que siguieron hasta 1921, lanzando llamamientos tanto al USPD como al KPD/VKPD.

Paralelamente a la tendencia Levi, los sindicalistas alemanes adoptaron las mismas posiciones “antigolpistas” durante los movimientos de marzo-abril de 1920 y de marzo de 1921. Como ella, la Central de la FAUD(S) consideró como “romanticismo revolucionario” los atentados que los comunistas de izquierda (del KPD y del KAP) cometieron contra los trenes que transportaban armas a los polacos durante el verano de 1920, y que lograron bloquear casi totalmente los transportes de la Entente por vía terrestre. A pesar de estas posiciones de pasividad adoptadas por las Centrales del KPD(S) y de la FAUD(S), los miembros del partido y de las Uniones participaron en esos movimientos y en esas acciones de sabotaje.

Las posiciones antipolíticas de los sindicalistas los llevaron a negar la importancia de la participación en las primeras elecciones de consejos obreros; pero en la Ruhr, donde la tendencia comunista dentro de la FAUD era fuerte, participaron de todos modos en abril de 1920. El resultado de estas elecciones obreras puso de manifiesto la gran influencia del movimiento unionista revolucionario: la ADGB obtuvo 402 delegados, la FAUD 340, los Sindicatos Católicos 134 y el Sindicato Polaco 51.

Estas elecciones tuvieron lugar, como puede comprobarse, antes de que la Allgemeiner Bergarbeiter-Union abandonara la FAUD(S), e inmediatamente después de las luchas revolucionarias que verían nacer al Ejército Rojo en el Ruhr. La tenacidad de los comunistas de izquierda y también de los sindicalistas revolucionarios, durante estas luchas abandonadas tanto por la Central de Levi como por la de Rocker, y saboteadas directamente por el USPD y el SPD, dio prestigio a las Uniones, que, pese a sus 100.000 miembros (casi todos mineros), obtuvieron casi tantos votos como la ADGB, que oficialmente contaba con más de un millón. Estas elecciones tuvieron lugar, como puede comprobarse, antes de que la Allgemeiner Bergarbeiter-Union abandonara la FAUD(S), e inmediatamente después de las luchas revolucionarias que verían nacer al Ejército Rojo en el Ruhr. Dado que el porcentaje de organizaciones era elevado en la región del Ruhr, está claro que un gran número de miembros de la ADGB votaron por las Uniones, a las que habrían podido pasarse si las Centrales del KP y de la USPD no hubieran adoptado una posición tan fuertemente antiunionista y si la dirección política oficial de los sindicalistas hubiera sido quebrada por medio de una organización política revolucionaria y comunista que, en el momento justo, hubiera sabido dar la consigna siguiente: abandonar los sindicatos contrarrevolucionarios y organizarse en las Uniones revolucionarias. Pero todo fue dejado a la espontaneidad del propio movimiento unionista que, como hemos visto, logró liberarse de la dirección sindical en el Ruhr (octubre de 1920), pero que no pudo ir más lejos porque no encontró ninguna ayuda programática ni de dirección comunista, sino solamente una indiferencia y a menudo un escepticismo negativo por parte de la Central del KP. Los sindicalistas de la Central de la FAUD(S) tuvieron una responsabilidad enorme, pues sabotearon todas las tendencias a la unificación con las Uniones en manos de los comunistas de izquierda (KPD(O) y más tarde KAPD) que fueron reprimidas, como en el ejemplo de Düsseldorf, donde los miembros locales intentaron una unificación con la AAUD. La dirección sindicalista siempre consideró a la AAUD y al KAPD como “partidarios de la violencia” y los atacó por su concepción marxista de la subordinación de las Uniones a la dirección política del partido comunista. El KAP consideró con razón a los sindicalistas como centristas. En el joven movimiento unionista, actuaron como contrarrevolucionarios: jamás la Central de la FAUD(S) dirigió una acción, ni siquiera una huelga; todas sus fuerzas se aliaron a la organización de una internacional sindicalista anticomunista.

Los miembros de la FAUD(S) desaparecieron aún más rápidamente que los de las otras Uniones: en 1923 no quedaban más que entre 2.000 y 3.000; pero la labor contrarrevolucionaria de la FAUD(S) continuó hasta 1923.

Se intentó organizar a dicha Internacional contrarrevolucionaria en septiembre de 1920, pero las organizaciones a las que se dirigió el llamamiento (IWW, Shop Stewards, CNT) se opusieron; solo los sindicalistas suecos le fueron favorables. Como esto es conocido, las organizaciones revolucionarias, tanto sindicalistas como obreristas, intentaron adherirse a la Profintern (fundado en julio de 1921); la única que permaneció fuera fue la importante CNT de Portugal. Pero estas organizaciones que, al menos en lo que concierne a la AAUD, los IWW y el Comité Shop Stewards, eran sinceramente favorables al comunismo internacionalista, chocaron no solo con las posiciones antiunionistas de la Profintern —que quería construir organizaciones sindicales tradicionales, aptas también para luchas parciales, únicamente reivindicativas, lo que estaba en contradicción con el carácter de organización política revolucionaria “intermedia” (que tenían muchos de sus mejores adherentes)— sino también con la teoría naciente sobre la necesidad de conquistar la “mayoría de las masas” y ese frentismo que quería devolverlas a los brazos no solo de los sindicatos, sino también de los partidos socialdemócratas[22]. Los IWW y la AAUD no permanecieron, por consiguiente, en la Profintern (la AAUD intentó al principio construir una oposición en su interior paralelamente a la oposición de izquierda que el KAPD intentaba construir en el III Congreso de la IC). La CGTU francesa y la FAU(G) sí permanecieron. La CGT holandesa se escindió sobre esta cuestión. Las organizaciones sindicales tradicionales se volvieron, en cambio, hacia la FAUD(S) alemana, no a causa de un antiunionismo que rechazaban en los IWW y la AAUD, sino a causa de la sumisión al partido comunista que la Profintern y la IC exigían —y con razón, dado el desarrollo y el contenido programático de estas organizaciones como la CNT, la USI y la CGT francesa—; por el contrario, se querían como órganos dirigentes. Incluso si en el II Congreso (véase el discurso de Trotsky en el anexo) hubo una tendencia en este sentido, fue luego corregida para reconocer al partido comunista —órgano unitario, programáticamente monolítico— como el único organismo proletario, históricamente internacionalista, apto para la dirección de la clase obrera, antes, durante y después de la toma del poder.

La AAUD podía, en consecuencia, después del I Congreso de la Profintern, retomar sus intentos de formar una internacional sindicalista. El dirigente de la Profintern, Losovsky, para evitar esta formación, emprendió con Rocker una correspondencia que duró de agosto a octubre de 1922. Pero el sindicalismo soreliano internacional no quiso dejarse encuadrar en la Profintern y prefirió crear su propia internacional, que fue formada en diciembre de 1922 y que recibió el nombre de AIT —tomando sin rubor el nombre de la Primera Internacional de Marx y Engels. Todas las organizaciones sindicales tradicionales participaron en su constitución (salvo la CNT de Chile, que entró en la Profintern, y la CNT española, que solo se unió a la AIT al año siguiente): la USI italiana, la FAUD(S) y la AAUE alemanas (véase el esquema[23]), la CNT portuguesa, las CNT de los países sudamericanos, los sindicalistas suecos.

El sindicalismo, federalista por principio, no logró formar una verdadera organización internacional; sin embargo, esa no había sido la intención de sus fundadores contrarrevolucionarios, declararon, retomando el anti-autoritarismo democrático y bakuninista, que habían intentado ocultar en los primeros años de la IC, cuando el entusiasmo del proletariado mundial obligaba a los oportunistas —de Cachin a Pestaña— a adherirse a la IC: la AIT evitó que partes importantes del movimiento libre cayeran en manos de los dirigentes de Moscú. Ese es el mérito histórico de la AIT (R. Rocker, Memorias).

3 – AAUD

Las Uniones que formaron la AAUD habían nacido en su mayor parte durante el verano de 1919. La organización nacional fue fundada el 14.2.1920 (dos meses antes de la fundación del KAPD).

Este primer Congreso de fundación reveló ya todas las debilidades y las diferencias programáticas contra las que la AAUD lucharía en los dos años siguientes. En este congreso, la Bremerlinke (Becker) estaba presente; defendía la posición marxista, según la cual las Uniones debían ser órganos centralizados intermedios entre el partido y la clase. Las otras tendencias presentes, aunque no estuvieran de acuerdo entre sí, consideraban las precisiones (¿error por “posiciones”?, ndr) de la Bremerlinke demasiado rígidas. El hecho de que las corrientes marxistas estuvieran divididas dio fuerza a las tendencias federalistas (fuertes en Hamburgo y Dresde), que se oponían a la dirección del partido (KPD —oposición— y KAPD). A causa del papel de esas tendencias, la Bremerlinke abandonó la AAUD y el KPD(O) y regresó al KPD(S) (más tarde VKPD) para formar allí una oposición de izquierda, que duró hasta agosto de 1921 y que sería la única corriente comunista proletaria y revolucionaria en el seno de la sección alemana de la III Internacional. Con sus 8.000 miembros en Bremen y su diario Der Kommunist, la Bremerlinke, dirigida por Frölich y Becker, logró tener una breve influencia, cuya principal expresión fue la participación del VKPD en la “acción de marzo” de 1921.

Puede decirse que los federalistas lograron dominar la AAUD durante todo 1920 —lo que encuentra su expresión estatutaria en el hecho de que la autoridad superior en la AAUD fuera otorgada al Congreso Nacional. Como la acción debía ser organizada y centralizada, eso no fue precisado, y puede decirse que solo a finales de año, cuando el KAP toma la dirección de la AAUD, se aseguró una cierta centralización; sin embargo, la organización de la AAUD nunca tuvo completamente el mismo carácter de estabilidad que la FAU. La AAUD es, más que cualquier otra Unión, la expresión del movimiento revolucionario de los consejos de fábrica (Betriebsräte), y desde que el movimiento revolucionario entró en estancamiento, esto apareció como una enorme debilidad (para las adhesiones a la AAUD, véase el esquema).

Las zonas donde la AAUD es más importante son Hamburgo, Berlín (donde el número de miembros alcanza los 30.000 el 1 de diciembre de 1920) y Alemania Central (Brunswick, Dresde, etc.). Su desarrollo numérico es el que caracteriza a todas las Uniones. En el invierno de 1920-1921 alcanza aproximadamente 150.000 miembros (la cifra oficial es 200.000); ya en junio de 1921 no cuenta más que 60.000 adherentes (en el mismo período, el KAPD no superará jamás los 40.000) y en diciembre de 1922 no quedan más que 12.000 adherentes en la AAUD —tendencia de Berlín (la de Essen solo cuenta con algunos centenares).

A pesar de todas sus debilidades, la AAUD fue ciertamente la Unión más combativa; su agitación escrita era la más importante en lo que respecta a la tirada y difusión: sus numerosas publicaciones llegaron a tirarse en 120.000 ejemplares y poseía al menos una decena de revistas semanales.

Fue igualmente la AAUD la que dirigió —allí donde existía— las pequeñas acciones locales entre las luchas de marzo-abril de 1920 y las de marzo de 1921, como la huelga de los electricistas de Berlín.

La AAUD fue esencialmente fuerte en las categorías de la metalurgia, como la FAU(G) lo era en las de las minas, y en general fue, como debió admitir Radek en el II Congreso, “el tronco de la clase” que abandonaba las organizaciones tradicionales. Este mismo elemento caracteriza al movimiento revolucionario inglés de los Shop Stewards y de la “Confederación de los Tres” (Dreiblund), que unía precisamente minas, metalurgia y transportes, mientras que las más “antiguas” IWW y One Big Union sacaban su fuerza de las nuevas industrias americanas con sus categorías de inmigrantes no organizados.

Incluso si se trataba de las categorías más combativas que actuaban en los sindicatos alemanes, se trataba de un fenómeno general que no se producía a escala nacional, sino local. Como ya hemos dicho, las tendencias al localismo y al autonomismo sindical son elementos característicos ya de las primeras reacciones contra la centralización sindical de Legien; dado que estas reacciones —a causa de su aislamiento y de la falta de una dirección programática fuerte y unitaria— nunca pudieron generalizarse, y más aún cuando la Central de Levi y el USPD no querían generalizarlas. La historia política interna de una Unión como la AAUD es la historia de la lucha entre las corrientes federalistas y quienes defendían el centralismo y la dirección política del partido. El primer año, 1920, estuvo caracterizado por la dominación de los “apartidistas”: en la Conferencia de mayo de 1920 la AAUD aún no había fijado sus relaciones con el KAPD, que los federalistas preferían ignorar completamente. En diciembre de 1920 se llegó a que todos los miembros del KAPD de Sajonia Oriental (Dresde) fueran excluidos de la AAUD; seis meses más tarde ocurrió lo mismo en Hamburgo. Estas luchas conducirían a tres escisiones en la AAUD. La primera fue la exclusión de los tradeunionistas delfonistas en Brunswick (diciembre de 1920), atacados por todas las tendencias por sus simpatías pro-USPD y por su “reformismo economicista”. La segunda se produjo en octubre de 1921 tras la derrota de la “acción de marzo”: los federalistas (grupo de O. Rühle de Dresde y sección de Hamburgo), que durante mucho tiempo tras la salida de los nacional-bolcheviques seguían dominados por sus viejas simpatías por las teorías de las IWW, tras la escisión con la “central” de Berlín fundaron la Allgemeine Arbeiter-Union Einheitsorganisation (AAUE); la teoría de la organización unitaria era, por tanto, todavía fuerte. La tercera escisión se produjo en marzo de 1922, en un momento en que la AAUD ya estaba en descomposición: reflejaba la escisión dentro del KAPD entre la “tendencia de Essen” (Schröder, Gorter) y la numéricamente más fuerte “de Berlín” (con la que Pannekoek simpatizó más tarde). La cuestión seguía siendo una vez más la dirección de la Unión por el partido (KAPD), lo que era apoyado por la tendencia de Essen. Además, surgieron cuestiones como la adhesión a la Profintern como “sección simpatizante”: la fundación de la Internacional Comunista Obrera (KAI), considerada como voluntarista por la “tendencia de Berlín”; finalmente, el problema del papel de la Unión tras la derrota de marzo de 1921 volvió a plantearse: ¿debía participar en luchas reivindicativas limitadas o no? La “tendencia de Berlín” se mostraba favorable a una amplia participación, mientras que la “tendencia de Essen” la limitaba a una acción de pura solidaridad, pero no de dirección “sindical”: según “Essen”, las Uniones debían hacer propaganda por la lucha revolucionaria y por la acción general, y no dirigir huelgas puramente económicas. Pero en adelante estas cuestiones eran para la mayoría ilusorias, ya que la AAUD despoblada coincidía con el KAPD (que conocería un desarrollo idéntico hasta la llegada del nazismo) y su fuerza estaba tan limitada que su propaganda debía ser, de manera determinante, la acción principal, si no quería acabar en el activismo y el anarquismo.

Un capítulo particular de la historia de la AAUD fue su tentativa de crear una oposición de izquierda en el seno de la Profintern. Ya hemos hablado de su primer Congreso (julio de 1921): el secretario general de la ISR, Losowsky, apoyaba únicamente la oposición legal dentro del ADGB; esta oposición, aún mal definida tras la unificación entre el KPD(S) y los centristas, no constituía ningún bloque revolucionario, como se había visto durante la “acción de marzo”; aun así, obtuvo 11 votos en el Congreso de la Profintern, mientras que las Uniones presentes (FAUD(G) y AAUD) obtuvieron 2 votos cada una. Ya hemos hablado de la ambición de la ISR de conquistar los grandes sindicatos contrarrevolucionarios y de la reacción de la AAUD tras el intento fallido de crear una oposición dentro de la Profintern abandonando sus filas. Hay que señalar, sin embargo, que las Uniones —aunque combatidas a la vez por Losowsky y por el KPD— desempeñaron un papel, a pesar de todo, importante cuando la ISR envió un delegado al Congreso de noviembre de 1921 de la AAUD para defender las posiciones de la Profintern en esa sesión.

4 – Las Uniones y la “Oposición Sindical” del KPD

Como hemos visto, fue el KPD(S) quien tomó la iniciativa de organizar las primeras organizaciones unionistas: fueron los comunistas del Ruhr quienes se unificaron en Essen para fundar, el 15.8.1919, la primera AAU, aunque todavía solo a escala “local” para el Ruhr. En noviembre de ese mismo año, las secciones del KPD(S) de esta región seguían siendo favorables a la colaboración con la AAU; tal colaboración habría quizá evitado que los sindicalistas —que en adelante ocupaban buenas posiciones en la BergarbeiterUnion— tomaran la dirección del movimiento unionista del Ruhr (donde la AAUD nunca tuvo una gran influencia); pero Levi se oponía y los sindicalistas fundaron la FAUD(S), como ya hemos descrito.

La oposición sindical legal estaba dirigida por los Independientes en toda la ADGB, salvo en Chemnitz, que fue el único bastión de la Central de Levi (dirigida por Brandler y Heckert). Con la fusión de los Independientes de izquierda y de los comunistas del KPD(S), pudo desarrollarse una oposición sindical: alcanzó su punto culminante en los años 1922-23 y fue, en todo caso, de escasa ayuda durante las luchas de marzo de 1921, como veremos. En los pocos lugares donde el VKPD, que durante el invierno de 1920-21 aún estaba influido por la Bremerlinke, consiguió establecer una oposición verdaderamente militante y revolucionaria, ello condujo a una escisión local con la Central de la ADGB, provocada por esta última (véase en anexo EL GOLPE DE HALLE).

Es justo hablar de la “ofensiva de Ámsterdam” como lo hizo el órgano teórico del PCD’I, Rassegna Comunista. La política de la Profintern contenía una profunda contradicción, al menos en lo que respecta a su aplicación en los países occidentales imperialistas; por un lado, los comunistas debían hacer todo lo posible para que los sindicatos nacionales abandonaran la Oficina amarilla de Ámsterdam[24], planteándoles la siguiente alternativa: o bien por la III Internacional y el apoyo a la Rusia soviética, o bien por la socialdemocracia y la contrarrevolución (véase en anexo la CARTA A LOS SINDICATOS DE TODOS LOS PAÍSES), y pasaran a la Internacional Sindical Roja; por otro lado, debían luchar contra la escisión nacional de los sindicatos tradicionales. Pero si la elección, incluso para los sindicatos, era política, en la época de la revolución una tal división entre táctica nacional e internacional era ilusoria en la medida en que afectaba a todos los sindicatos que ya habían adoptado una posición política a favor del imperialismo, pasando al chovinismo de Estado durante la primera guerra imperialista: ahora habían pasado a la contrarrevolución internacional, y una escisión en el plano internacional de cada sindicato local los llevaba inmediatamente a una confrontación violenta y política con el sindicato nacional y su Central. La Profintern y la IC nunca comprendieron esto, aunque la escisión revolucionaria, de la que el movimiento unionista era la expresión, lo mostraba claramente. Las “escisiones sindicales” que no fueron llevadas a cabo por la revolución fueron consumadas por la contrarrevolución, una vez que se calmó la primera gran oleada de posguerra; con el pretexto de la adhesión a la Profintern como obra escisionista (y lo era en efecto, aunque los comunistas de la III Internacional no lo hubieran comprendido), las Centrales afiliadas a Ámsterdam excluyeron a los sindicatos locales que querían adherirse a la revolución internacional; esto ocurrió en Francia, en Holanda y en Suiza, países donde los comunistas tenían una fuerte influencia sindical; se vieron así obligados a formar nuevos sindicatos como la CGTU francesa y la Unión Obrera Suiza (que contaba con 90.000 miembros). El año de la “ofensiva de Ámsterdam” fue 1921, pero solo fue posible porque los comunistas no habían sabido extraer las lecciones del movimiento revolucionario inglés y alemán. Permanecieron en consecuencia a la defensiva, reprochando a la contrarrevolución no seguir sus propios principios “unitarios” tan ensalzados, cuando los comunistas habían intentado provocar escisiones en los partidos políticos. El determinismo histórico vale por tanto igualmente para los órganos sindicales, pues no pueden permanecer “neutrales” cuando se trata ya de lucha revolucionaria y cuando todo economicismo reivindicativo conduce a tareas abiertamente reformistas. Esto queda claramente demostrado tanto por el movimiento revolucionario como por el movimiento contrarrevolucionario: deben ser escisionistas puesto que no existen para ellos órganos comunes y vagamente “de clase”. Italia y los países de los Balcanes fueron la excepción, ya que su capitalismo “inmaduro” no había utilizado el órgano sindical que permaneció clásicamente reformista.

LOS ÓRGANOS MILITARES DURANTE LAS LUCHAS DE 1920 Y 1921

 

1 – El Ejército Rojo del Ruhr

Este no es el lugar para hacer un recuento del desarrollo del putsch de Kapp, por lo demás bien descrito en la ya mencionada “Illustrierte Geschichte”. Aquí solo queremos describir la reacción proletaria en el Ruhr, que no tenía nada que ver con la reivindicación democrática de la socialdemocracia avanzada contra el “golpe de Estado” (que ni siquiera contaba con el apoyo del capital alemán).

En el Ruhr, el Reichswehr[25] no aclaró inmediatamente su posición frente a Kapp y, dado que todos —desde la ADGB y la socialdemocracia hasta los centristas y el KPD(S)— lanzaron la consigna de huelga general (aunque la central del KP fue algo vacilante en los primeros días), la situación habría tenido posibilidades revolucionarias si la dirección de los sindicatos y de los partidos parlamentarios hubiera sido quebrada; en efecto, numerosas zonas como el Ruhr y Alemania Central no habían conocido las grandes derrotas obreras de los años anteriores, como las que se produjeron en Berlín, Munich, Bremen, Hamburgo, etc.

En el Ruhr había una fuerte tensión entre el Reichswehr y los proletarios, y fue la situación generada por el putsch de Kapp la que provocó inmediatamente el armamento de los proletarios en huelga (el hecho de que numerosos obreros combatientes lograran liberarse del dominio de la ADGB adhiriéndose a la FAU también tuvo su importancia). Debido al carácter democrático y constitucional de la huelga general, los independientes y numerosos socialdemócratas no pudieron, en los primeros días, más que intentar moderar la agresividad proletaria, aunque sin éxito en la primera fase de avance. El desarrollo de la situación fue el siguiente: localmente, en cada ciudad —independientemente de los sindicatos— se formaron tropas de proletarios que tomaban las armas contra los soldados del Reichswehr. Las ciudades insurgentes se reunieron y marcharon contra las ciudades que aún estaban en manos del ejército para apoyar a los obreros locales.

Mientras una parte del “Ejército Rojo del Ruhr”, como se llamaba, expulsaba al Reichswehr del Ruhr formando un frente paralelo en Lippe[26], otras tropas obreras tomaban una a una las ciudades de Remscheid, Essen, Düsseldorf, Mülheim, Duisburg, Hamborn y Dinslaken y rechazaban al Reichswehr a lo largo del Rin hasta Wesel, en un corto período entre el 18 y el 21 de marzo.

El 20 de marzo, la ADGB —tras el fracaso del putsch— declaró terminada la huelga general y el 22 de marzo el SDP y el USPD hicieron lo mismo.

El 24 de marzo, representantes del gobierno socialdemócrata, del SDP, de la USPD y de una parte del KPD concluyeron un acuerdo en Bielefeld que proclamó el alto el fuego, el desarme de los obreros y la libertad para los trabajadores que habían cometido actos “ilegales”.

Una gran parte del Ejército Rojo no aceptó el acuerdo y continuó la lucha.

El 30 de marzo, el gobierno socialdemócrata y el Reichswehr dirigieron un ultimátum a los proletarios: aceptar inmediatamente el acuerdo o bien el Reichswehr —cuya fuerza había al menos cuadruplicado gracias a la llegada de cuerpos francos procedentes de Baviera, de Berlín, del norte de Alemania y del Báltico— comenzaría una nueva ofensiva.

La coordinación entre las diversas tropas obreras era ahora mínima, debido a la traición de los independientes, al centrismo del KPD(S) y de los sindicalistas, y a la rivalidad entre los tres centros militares del Ejército Rojo.

El Reichswehr y las numerosas tropas blancas iniciaron una vasta ofensiva en todos los frentes: el 4 de abril cayeron Duisburg y Mülheim; el día 5, Dortmund; y el 6, Gelsenkirchen.

Comenzó un terror blanco muy duro: hubo víctimas no solo entre los obreros armados, sino también entre sus familias, que fueron masacradas, y entre jóvenes obreras que habían ayudado a los combatientes heridos en la retaguardia.

El Ejército Rojo del Ruhr encuadraba entre 80.000 y 120.000 proletarios; logró organizar una artillería y una pequeña aviación. El desarrollo de las luchas formó tres centros militares:

  1. a) Hagen, dirigido por la USPD, aceptó sin vacilación el acuerdo de Bielefeld.
    b) Essen, dirigido por el KPD y por la izquierda independiente: fue reconocido como la Central Superior del ejército el 25 de marzo. Cuando el gobierno socialdemócrata puso a los obreros ante el ultimátum del 30 de marzo, esta central dio la consigna, muy ambigua, de volver a la huelga general (¡mientras los obreros estaban armados y en lucha!).
  2. c) Mülheim, dirigida por los comunistas de izquierda y los sindicalistas revolucionarios. Seguía completamente a la Central militar de Essen, pero cuando esta reaccionó de forma centrista ante el acuerdo de Bielefeld, la Central de Mülheim dio la consigna de “luchar hasta el final”.

Las tres centrales de la USPD, del KPD(S) y de la FAUD(S) tuvieron en común una posición completamente innoble, a saber, que consideraban estas luchas como “aventureristas”. Ninguna central nacional asumió la dirección de las luchas (que también se producían en Alemania Central, como veremos); el movimiento proletario local mostró toda su voluntad de centralización, dentro de los límites de sus fuerzas locales. El centrismo del KPD(S) quedó plenamente revelado por el hecho de que, mientras los obreros estaban en lucha, la Central de Levi dio, el 26 de marzo, la consigna de “oposición leal” hacia el gobierno “obrero” de los socialdemócratas y los independientes. “Die