The Sonoran Internationalists – Sobre Venezuela: Apoyo acrítico al proletariado
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Traducido del original
El 3 de enero de 2026, Estados Unidos lanzó un ataque militar contra la capital venezolana que resultó en la captura y destitución del entonces presidente Maduro y su esposa.
Independientemente de cualquier justificación dada por el Estado imperialista burgués para hacerlo, está claro que esto no fue más que una maniobra por el control de recursos naturales cada vez más agotados y una porción de la plusvalía de la Tierra, mediante el aseguramiento del dominio político de la clase obrera venezolana. Los Estados Unidos realizaron este acto de agresión imperialista para intentar mantener su posición actual como la principal potencia capitalista. Mientras tanto, Rusia y China también participan en agresiones imperialistas, con el fin de promover sus propias ambiciones como “potencias emergentes”. Estas acciones imperialistas deben ser reconocidas como nada más que una manifestación más de la competición capitalista global.
Cada vez que la clase capitalista de una nación ve necesario participar en una guerra para aumentar su cuota de mercado, envían proletarios a la batalla, con el objetivo de asesinar otros proletarios que siguen las órdenes de su propia clase dominante nacional. Sin importar el resultado de las batallas o de la propia guerra, solo aquellos que tienen la capacidad de ganar algo en estos conflictos son la clase dominante, mientras que los costes siempre recaen sobre la clase obrera de ambos bandos. Allí donde una bala es disparada de un arma sin importar si es el bando defensor o agresor, el resultado es un obrero muerto, que nunca debería haber sido forzado a morir por el beneficio de otros.
Las señales dejan claro que el capitalismo, el cual ha sobrepasado su etapa histórica, nos dirige cada vez más cerca de una tercera guerra mundial imperialista. Palestina y Ucrania son otros dos ejemplos de la competición por los recursos y puntos estratégicos por parte de potencias imperialistas. Esta intervención militar solo continuará siendo más frecuente e intensa, acercándonos a una tercera guerra mundial, a medida que el sistema capitalista se acerque a su crisis.
Debe ser entendido que dicha competición es inevitable bajo el capitalismo. No puede evitarse eligiendo a un “buen” burgués para gobernarnos, ni siquiera (sabiendo que esto nunca ocurrirá) un verdadero revolucionario (miembro del partido de clase proletario) entre en el gobierno burgués. Del mismo modo, la guerra no será evitada permitiendo a un bloque imperialista hacerse con el control de Venezuela, o incluso de otra región del mundo.
Nuestro único camino se dirige hacia un futuro sin guerras fútiles y altamente destructivas, donde los trabajadores se unan por sus intereses comunes. La abolición de las naciones, las guerras, la esclavitud asalariada y otros estandartes de la opresión presente en nuestro sistema es un imperativo que debe guiarnos a todos. Para lograr esto debe existir un rechazo al compromiso de nuestros fines revolucionarios. Apoyar una potencia capitalista por cualquier razón solo puede ser entendido como una traición contrarrevolucionaria.
Como tal, nuestra oposición no es contra la agresión capitalista, sino más bien contra el sistema capitalista en sí. Nuestro apoyo no se dirige a la nación venezolana ni a su gobierno, sino acríticamente al proletariado de todas las naciones. Apostamos por una humanidad unida, y reconocemos que no puede lograrse a través del apoyo a una nación o bando de los conflictos nacionalistas existentes. Lo que observamos hoy son síntomas de nuestra propia barbarie, de nuestra existencia continuada dentro de un sistema que ha sobrepasado por mucho su utilidad y necesita finalizar.
La respuesta no es la guerra, sino la lucha de clases.
¡No a la defensa de la patria! ¡No a las alianzas con la burguesía!
¡Unidad internacional de la clase obrera!
Después de todo, ¡Socialismo o barbarie, comunismo o extinción: no hay tercera vía!
