Balance y Avante – Consideraciones internacionalistas de cara a las elecciones colombianas del 2026
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Desde inicios de la década, posterior a la Pandemia del Covid-19, varios gobiernos izquierdistas regresaron al poder en América Latina. Hace tres años, mostrábamos qué implicaciones tenía este supuesto cambio en la región, y cuál era la tarea del movimiento comunista frente a ello1 . Lo ocurrido solo nos ha dado la razón: la izquierda del capital, a pesar de que tiene un ropaje distinto, cumple una tarea clara para la burguesía: subsumir a la clase trabajadora a una fracción específica y explotar a nuestra clase como cualquier otro gobierno, solo que con una fortaleza ideológica distinta.
Así, una nueva “fiesta” democrática se presentará el domingo 31 de mayo en Colombia. El gobierno actual de Gustavo Petro finaliza, y hasta ahora, tres candidatos son los que realmente importan en el desarrollo de los acontecimientos. Por un lado, la derecha del capital se ve dividida entre Abelardo de la Espriella, un abogado y “outsider” inspirado en el fenómeno comúnmente denominado como “Nuevas derechas”, y Paloma Valencia, también abogada, con un bagaje institucional y clásico, sentada bajo la manta del expresidente Álvaro Uribe Vélez. Por otro lado, la izquierda del capital desea mantener la continuidad del gobierno actual a través de Iván Cepeda Castro, filósofo de profesión y constante activista en el país.
De derecha a izquierda, el espectro político de la burguesía intenta convencernos de que debemos elegir entre unos u otros. Un derecho ganado a pulso, que es menester ejercer, especialmente para la clase de mayores números, la trabajadora. Con ello, las políticas del actual gobierno, que se nos presentan en un primer momento en favor de nuestra clase, nos dicen que hemos de votar por su continuidad. Sus defensores se ufanan, claro, de la subida del salario mínimo en los cuatro años de gobierno, y más aún ¡de que los ricos son más ricos!2 . Así, lo que terminan demostrando en el fondo es la necesidad del capital frente a dicho aumento, pues el capital no acepta subidas salariales si no hay ganancias detrás. Hay momentos en donde los capitalistas pueden permitirse dicha distribución de migajas, y otras en las que cuando no es posible, maquillan las cosas con, por ejemplo, estas subidas. Veamos un hecho brevemente: los trabajadores que cobran un salario mínimo han disminuido, y han aumentado aquellos que no llegan a él, entrando a la informalidad3.
Con las demás reformas legislativas presentadas se refuerza esta apariencia falsa de “defensa” de la clase trabajadora. Por ejemplo, la reforma tributaria en la que se ponía impuestos a las multinacionales, y a un sector de los llamados “ultrarricos” del país. En esta, la recaudación fue modesta, no saneó la problemática fiscal del estado, e incluso se tuvieron que realizar recortes a sectores que tanto han mencionado de importancia como la educación, la paz, y la infraestructura4. Claro está, el sector de seguridad no tuvo esta problemática, teniendo incluso un aumento presupuestal y de pie de fuerza, del cual también celebran los izquierdistas y el propio gobierno. Incluso, vale la pena resaltar que en los gobiernos anteriores el pie de fuerza venía decayendo, pero con el gobierno actual dicha tendencia se invirtió, muestra clara de que esta es otra administración más que tiene la completa disposición a reprimir a nuestra clase en cuanto no le sea leal5.
También nos encontramos con la reforma pensional, la cual se convertirá fácilmente en papel mojado si el crecimiento económico y demográfico no se revierte, porque cuando hay muchos trabajadores informales o precarios que no consiguen dar cotizaciones completas, es el Estado quien deberá pagarlas. Con lo anterior, en un contexto de permanente crisis de deuda pública por parte de los Estados capitalistas, en mayor o menor medida, resulta fácil de prever su resultado: un rotundo fracaso. Otro caso es la reforma laboral. Si creemos que la lucha de clases es un mero juego de suma cero, donde un avance de una parte es el retroceso de la otra, vamos a seguir creyendo que las reformas son una ayuda. Pero sabemos que no es así. El aumento del coste del despido, la reducción de la jornada laboral y las medidas para intentar forzar los contratos indefinidos no van “en contra” de las leyes del mercado laboral ni del capital en general. Con un crecimiento económico lento, lo que vemos que acaba sucediendo con estas medidas es que desplazan a muchos trabajadores a la precariedad, al trabajo por cuenta propia y la informalidad y cargando con mayores problemas a una parte de nuestra clase6 . Finalmente, el intento de seguir la reforma agraria con el acuerdo de paz, privilegiando de esta manera a la pequeña burguesía rural, demostrando que las políticas estatales pueden hacerse contra los intereses de determinados capitalistas particulares, como puede ser el sector ganadero, pero no pueden enfrentarse a los intereses generales del capital nacional.
Además, todo este proceso se ve ligado a la pugna imperialista en la región. El gobierno actual ha intentado asumir una postura “antiimperialista” que se ve limitada ante las condiciones actuales que no le permiten aún al Estado Colombiano salir de la esfera estadounidense. Esto se ve plenamente reforzado y demostrado con la ofensiva diplomática realizada en todo el hemisferio por los americanos contra sus aliados, vivida a lo largo del presente año, con la que han demostrado no sólo su debilidad sino la posición de la burguesía latinoamericana, y sobre todo la colombiana, ante un mundo que cada día más se prepara para un conflicto global.
El fortalecimiento de la izquierda capitalista que anotamos en nuestro documento de hace 3 años ha dado paso a un nuevo periodo de resurgimiento de las derechas en la región, siendo México y Colombia los últimos fortines de dicha ola del pasado periodo electoral. De hecho, contrario a la generalidad de la región, asistimos a un mayor fortalecimiento del Pacto Histórico frente a las últimas elecciones. Por su parte la derecha en estas elecciones representa, también, un lado de este conflicto internacional. Mientras el gobierno y el Pacto Histórico expresan esa fracción del capital colombiano que busca una mayor autonomía y la expansión de su marco de acumulación, con la oportunidad de entrar con fuerza a nuevos mercados bajo la égida de una China fortalecida como posible nuevo hegemón mundial, la derecha se presenta dividida a las próximas elecciones, división que demuestra su debilidad como facción burguesa. Los derechistas colombianos se ven divididos entre una fracción más clásica, La Uribista, que apela a la política de seguridad democrática que fue útil al estado en un momento en que se vio fuertemente amenazado por los grupos armados, sin poner en cuestión el orden constitucional actual y con una relativa apertura al diálogo con la izquierda del capital y una derecha “outsider” representada en De la Espriella, que se enlaza al resurgimiento regional derechista bajo la “Nueva derecha” o “Derecha alternativa” con exponentes como Milei en Argentina, Kast en Chile, Bukele en Salvador y Keiko Fujimori en el Perú7 con un discurso afín al trumpismo, defendiendo la necesidad de “Darle motosierra” al Estado y de aplastar por la fuerza a cualquier oposición a sus intereses, tanto armados como no armados. Sabemos que esta división es, en términos electorales, circunstancial, y que probablemente en una segunda vuelta ambos se unan en contra del candidato oficialista, pero es innegable que la división es sintomática de una debilidad de fondo, y que sus bases de apoyo electoral están también divididas, lo que requeriría una resolución negociada de dichas diferencias.
Es por todo ello que, pese a que las reformas parezcan un hecho bondadoso de un gobierno o sean pintadas como victorias de los trabajadores, en realidad, son solo otra manera de gestionar nuestra miseria. Como comunistas sabemos a plenitud que nuestro rol y nuestra actividad política van más allá de una coyuntura particular, nos oponemos a todos los gobiernos y naciones y a todas sus medidas, reformas o contrarreformas, porque incluso si el reparto de las migajas es real para algunos sectores, éste viene acompañado de legitimar no sólo a un gobierno sino a un modo de producción al cual pretendemos destruir.
Al asumirnos como comunistas, comprendemos plenamente la necesidad de superar este modo de producción y todas sus categorías, sin medias tintas y como lo mínimo necesario, siendo esta la única posición comunista posible. Afirmamos la necesidad de la lucha autónoma de los trabajadores por sus condiciones de vida, pero tenemos claridad en que dichas luchas, de resultar victoriosas, son siempre parciales y temporales, ya que el capital mismo se encargará de convertir en miseria lo que hoy es mejoría. Ya desde Marx hemos afirmado que la clase obrera no debe entregarse por entero a ésta “lucha de guerrillas” contra los síntomas del sistema, sino que ha de apuntar a la reconstitución completa de la sociedad, sobre nuevas bases8 . Negamos, eso sí, que la lucha institucional, que la búsqueda de puestos políticos, que la mediación en los conflictos laborales por parte de los sindicatos que limitan su capacidad combativa, sean todas expresiones de esa lucha autónoma. No hay autonomía cuando el programa y los objetivos que se tienen son contrarios a los intereses reales, de superación, que tiene nuestra clase, cuando éstas luchas se ven encausadas por la burguesía para servirle a una u otra fracción de esta. No importa la cantidad de votos de un candidato o su historial político, ni la cantidad de miembros de un partido o su programa de gobierno, lo único importante es cuando el proletariado se pone en movimiento por sus propios intereses, que pasan por su liberación. y como decimos desde 1844:
“Pero no puede él [proletariado] liberarse sin suprimir sus propias condiciones de existencia. No puede suprimir sus propias condiciones de existencia sin suprimir todas las condiciones de existencia inhumanas de la sociedad actual que se condensan en su situación. No en vano pasa por la escuela ruda, pero fortificante, del trabajo. No se trata de saber lo que tal o cual proletario, o aun el proletariado íntegro, se propone momentáneamente como fin. Se trata de saber lo que el proletariado es y lo que debe históricamente hacer de acuerdo a su ser. Su finalidad y su acción histórica le están trazadas, de manera tangible e irrevocable, en su propia situación de existencia, como en toda la organización de la sociedad burguesa actual.” La Sagrada Familia.
El capitalismo está entrando en un momento histórico marcado por la guerra imperialista, el desastre medioambiental y la crisis económica. La catástrofe capitalista nos amenaza como humanidad con un futuro sombrío. Solo el proletariado actuando como sujeto revolucionario mundialmente puede ofrecer una solución frente a este desastre, y esta no se encuentra en elegir entre diferentes políticas burguesas, sino en la lucha autónoma del proletariado por el comunismo. Este es el bando que nosotros elegimos.
1. Véase nuestro texto “Contra la farsa electoral: Comunismo. Al proletariado de la región de Latinoamérica.” En: https://balanceyavante1.wordpress.com/contra-la-farsa-electoral-comunismo/
2. Véase como el propio presidente Gustavo Petro sacaba a relucir este hecho por la red social X.
3. Véase Infobae (2026). Radiografía preocupante del empleo: más de 11 millones de ocupados ganan menos del mínimo en Colombia. En:
4. Véase El Colombiano (2026). El Gobierno Petro recortó más de $4,2 billones del Presupuesto para cerrar 2025: qué significa y a quiénes impacta. En: https://www.elcolombiano.com/negocios/recortepresupuesto-2025-gobierno-decreto-1484-colombia-HJ32193136
5. Véase Presidencia (2026). En 2026 Gobierno asignó $3,7 billones para inversión en las Fuerzas Militares, 47% más que en 2025. En: https://www.presidencia.gov.co/prensa/Paginas/En-2026-Gobierno-asigno-3-7-billones-para-inversion-en-las-Fuerzas-Militares-47-porciento-mas-que-en-2025- 260324.aspx
6. Véase Gunther Felix (2026). Reforma laboral y seguridad social en Colombia: el legado de Petro que los candidatos deberán resolver.
7. Quien se proyecta, a su vez, como nueva cabeza de gobierno tras 5 años de inestabilidad y debilidad institucional en el país andino.
8 “Salario Precio y Ganancia” Ilustra muy bien este punto.
